Antes de cualquier intento por cambiar
o reformar las estructuras de una nación es necesario contar con
un conocimiento profundo de la sociedad y sus principales necesidades jurídicas,
políticas y sociales. Reestructurar
al Estado con saliva y un poco de "Bacanora" puede ser una aventura
peligrosa. No se puede partir en dicha odisea de supuestas necesidades sociales
que únicamente obedecen al interés de localizados grupos o partidos
políticos. El concepto
de Estado, por sí mismo, rebasa cualquier esbozo o "comisión"
creada ex profeso. El Estado Mexicano somos todos, no sólo los que
habitan o cobran en las Cámaras. Es la sociedad mexicana, organizada
en sus planos jurídico, político y social, aún más
allá en el extranjero.
Hablar de reformar, en estos momentos, es no entender y menos comprender los
acontecimientos que a diario se suceden en el conglomerado social. Como idea,
como pretexto y como objetivo político, la medida es perfecta; más
si desde ahora alguien estuviera buscando la silla presidencial en el 2012.
Si es por ese lado, todo es perfecto, incluso hasta en los tiempos. Ni Carlos
Salinas de Gortari, el padre de los tecnócratas que ahora nos gobiernan,
hubiera resultado ser mejor planeador.
Recién se instaló en México, dentro de las instalaciones
del Palacio de Minería, la pomposa y ostentosa comisión para
la supuesta "reforma del Estado". Después de los acostumbrados
discursos, que duraron poco más de 60 minutos, se abrió un paréntesis
de 12 meses para analizar sus primeros resultados. La idea que contiene dicha
comisión, nada tiene que ver con el Estado Mexicano, y menos con sus
elementos. Se trata, únicamente, de otra revolcada a nuestras leyes
electorales, para quedar igual o peor que antes, con menos credibilidad en
nuestras instituciones. No sólo es la ignorancia jurídica de
nuestros actuales legisladores lo que la detiene, ninguno de ellos tiene altura
o estatura de estadista, menos aún con un carácter colectivo.
Con trabajo y saben hablar muchos de nuestros legisladores. El órgano
promotor de la supuesta "reforma del Estado", es algo más
parecido a un circo, donde priístas, panistas y perredistas harán
que aborte todo aquello que no vaya o ajuste a sus intereses particulares
o de grupo. La ambición y el hambre de poder, son las principales limitaciones.
El poder no se comparte, esa es una ley inconmutable. El Estado actual, que
no el estado de las cosas o las cámaras, es un Estado donde sus bases
jurídicas ya no
corresponden con la realidad política del momento. Los partidos
y las agrupaciones políticas se han convertido en un lastre que arrasa
y atrasa a la nación. La "partidocracia" debe perder terreno.
Y es que, más de un partido político ha traicionado sus ideales
y por tanto a dañado a la nación entera. Sobre todo aquel instituto
político que -por más de 70 años- vendió
la idea de la justicia social y los principales ideales de una revolución,
una epopeya que día a día se hace más volátil,
más inexistente.
El Estado Mexicano y sus llamadas instituciones carecen de lo más elemental;
hoy ninguna de ellas tiene la más mínima credibilidad. No obedecen
al momento actual y menos cuando una o más pretenden sobresalir socavando
el poco prestigio o credibilidad de otras.
Léase en este contexto la pugna entre senadores y diputados para
ver cual de los dos grupos es más servil o más dócil
para obedecer los designios, órdenes y mandatos que vienen del titular
del poder ejecutivo.
Las instituciones nacionales, principalmente las Cámaras -Diputados
y Senadores- no obedecen a su momento histórico. Por un lado camina
la sociedad, por otro muy distante y en sentido opuesto, caminan las llamadas
instituciones nacionales. El desfase entre gobierno y sociedad, día
a día se quebranta. Por encima del gobierno y sus instituciones reina
el desorden y el crimen organizado y, cuando éste no es el caso, su
lugar lo ocupa Televisa o los miembros del Ejército
Negro con sus puntadas. ¿Quién entonces manda o gobierna
en México? ¿Será cierto que estamos en manos de la telecracia?
Sobre ese México, esa realidad que se pretende reordenar, mucho hay
que comentar, mucho que decir, mucho que hacer, pero sin discursos, sin actos
faraónicos, sólo útiles para la creación de "elefantes
blancos", cuyo único objeto es el ir haciendo camino hacia un
objetivo personal o de grupo, como es la soterrada búsqueda que desde
ahora se está haciendo de la Banda Presidencial en el 2012, donde
juventud y senectud habrán de tener una cita fatal. O nace el nuevo
Estado con sus nuevas reglas o permanece el Estado actual, sólo remozado.
La lucha hacia el 2012 es generacional, donde obviamente la juventud jamás
volverá sus ojos al pasado. La desaparición del PRI está
más que anunciada. La
juventud ni irá hacia grupos o partidos que hoy han traicionado o aniquilado
todas sus ideologías.
Que otros torpes se crean el mito escondido en la supuesta comisión
para la "reforma del Estado". Simplemente se trata de otra medida
más de corte electorero y, sobre todo desesperada.