La geopolítica de la manipulación 2009 - 2012
Quién es quién en el robo electoral del bicentenario

(Domingo 18 de enero de 2009)

Por Felipe Moreno

Los políticos mexicanos suelen pensar que los votos se pesan o se miden en marchas kilométricas, o bien ahora en pantallas de televisión. Más aún, sus comunicadores o manejadores de imagen creen que pueden determinar su futuro y modificar la realidad de un candidato a partir del llamado marketing político o sea la vulgar mercadotecnia comercial. Los políticos se creen, junto con comentaristas y conductores de radio y televisión, los verdaderos creadores de toda la clase política de ayer, hoy y los nuevos tiempos. Su afición al dinero fácil y su confusión dinero, igual a poder, los hace insensibles para entender que riqueza material no compra poder y menos el poder político.
La política tiene reglas muy claras, el poder también y dichas reglas no son para siempre, no son eternas ni absolutas. Quien crea que puede violar o violentar las leyes del poder siempre correrá el riesgo fatal de sus impertinencias. La democracia en México, vehículo para llegar al poder, como en muchas otras partes del mundo dominado por los Estados Unidos de América, tiene dueño. Nadie puede escapar a sus designios y mucho menos desobedecer sus órdenes.
Cobijados bajo estas ideas, encuestadores y manipuladores de la realidad política nacional han rellenado sus bolsillos con ideas de supuestos casos de éxito, donde el manejo publicitario ha "construido" o "contribuido" al invento de verdaderos ejércitos de candidatos triunfadores. La llamada clase política que hoy es una verdadera oligarquía dentro de nuestro marco constitucional. Todos ellos han sido confeccionados a imagen y semejanza de las empresas encuestadoras o de sus catálogos, que por cierto no se encuentran en Internet.
En las elecciones bajo sospecha de una elección de Estado, efectuadas en el año 2006, todas las empresas dedicadas a la manipulación y fantasía política erraron en sus pronósticos, sobre todo en el nombre o partido político que habría de resultar triunfador en las elecciones presidenciales del 6 de julio de 2006.
Nadie, absolutamente nadie, se atrevió a decir cual sería la distancia entre el primer y segundo lugar. Nadie aseguró o afirmó que la diferencia sería menor al uno por ciento.
Sólo Juicio Político se atrevió a dar un pronóstico -distrito por distrito- donde la distancia entre el primero y segundo lugar no rebasaría los 350 mil votos. Esa vez no manejamos porcentajes, como tampoco nunca lo hemos hecho, dimos números y resultados fríos, tomando en cuenta la votación en todos y cada uno de los 300 distrititos electorales con que cuenta el país.
Las votaciones, tomando las tendencias históricas y las circunstancias en su momento, indicaban una inclinación favorable al Partido Revolucionario Institucional en el 50 por ciento de los distritos existentes en el contexto nacional. No se preveía una pérdida absoluta para ese partido en las 17 entidades gobernadas por militantes del mismo partido; no se consideró ninguna traición o desacato como después se descubrió.
Las tendencias históricas y los números finales de la elección a favor del PRI, eran tal y como se están reflejando en éstos tiempos, de plena recuperación hacia las siglas del partido tricolor.
En aquellos días de bonanza electoral los análisis no contemplaron el peso y determinación del factor "G" y lo que esta estructura político - electoral haría en contra del que fuera su partido político y menos que esa fuerza se diera a favor del Partido Acción Nacional. Más todavía, se soslayó la fuerza de los dueños y amos de la globalización. No se pensó fuera tan descarada su ambición por el Petróleo y la Electricidad para imponer en la Presidencia de México a un efímero y volátil candidato emanado de la Secretaría de Energía, cuyo paso por esa área del gobierno de México slo serviría para entrar en contacto con los dueños y prestanombres que en éstos tiempos ya acaparó la iniciativa Beltrones en el Senado de la República, a pesar de la aparente oposición de la líder Beatriz Paredes, quien sostiene que el Petróleo mexicano no se privatizará.
En materia de elecciones federales, y más estando en juego la Presidencia de la República, otros hilos se mueven y otros resortes terminan por reventar. ¿Cómo hicieron para hacer perder al PRI en la mayoría de los Estados gobernados por sus militantes en el 2006 y pasar esos votos de tajo hacia el partido Acción Nacional? Algo de eso ya lo ventiló alguna vez el ex líder nacional panista Manuel Espino en público, y debe creerse esa versión de los acontecimientos político - electorales del 2006. Más, dada la actual conformación de la LX Legislatura al Congreso de la Unión, donde Acción Nacional es la primera minoría. No es casual que ahora al factor "G" se hayan sumado los petroleros de Carlos Romero Dechamps.
Los gobernadores priístas perdieron en los 17 Estados controlados hace seis años. Los gobernadores del PRI actuaron en contra de las siglas de su partido por una orden superior. Ellos, y sólo ellos, saben los motivos y razones por los cuales recularon hace tres años. Todo indica que algo muy bueno les ofrecieron, en algunos casos, y en otros bastó la exhibición discreta de sus expedientes para "convencerlos".
Es precisamente ahí, en esos Estados hoy pintados de azul en lo federal y verde en lo local, donde se encuentran los embriones donde ahora se prepara el próximo experimento democrático y la posible recuperación para el tricolor hacia las elecciones del 2012. La guía de todo eso es una dócil empleada al servicio del titular del poder ejecutivo federal a quien pretenden contraponer en estos momentos con la titular de Educación. Una señora que ya hizo las veces de alfombra roja, para que sobre ella y sus coordinados pasaran los pies del "gato con botas".
Es ahí donde debemos pararnos ahora y reflexionar para hacer una invitación a los observadores e interesados en el desarrollo democrático de México; y también, por qué no, hacer un llamado a los verdaderos políticos que hoy buscan la Presidencia de la República para que actúen con inteligencia. En esos Estados y esos distritos rebeldes y dominados - que ya dieron muestra de su elasticidad - se corre el riesgo de manipular una elección, hasta no hacerla creíble. Sobre ellos pesa el fantasma de la entrega o disputa simulada por la Presidencia de la República, para que sean PAN y PRI los amos de una oligarquía agonizante.
Hoy, como hace tres años, el espacio de reflexión política titulado Juicio Político vuelve a poner el dedo en esas llagas, esos puntos manipulables, para ver el tránsito de esos distritos a favor de un determinado partido político, quizá el PRI, un instituto que posiblemente recupere o retenga el control político bajo el argumento de la gobernabilidad hacia los comicios presidenciales del 2012.
Entidad por entidad, la geopolítica nos da la siguiente tabla, donde el partido de la Revolución Democrática será reducido a su mínima expresión, sobre todo en Estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Zacatecas, Estado de México y el Distrito Federal o Ciudad de México. Hay que decirlo como es, los candidatos del PRD, van solos y sin partido a las elecciones del primer domingo de julio del año en curso; con o sin operación cicatriz.
¿Dónde se dará la repartición entre PAN y PRI? Obsérvelo usted mismo analizando la siguiente tabla, poniendo énfasis en las entidades gobernadas por el PRI o recuperadas por ese partido los últimos meses.
Los distritos del fraude o la manipulación 2009 - 2012 son:
I y III de Aguascalientes; I de Baja California; I y II de Baja California Sur; I y II de Campeche; I al VII de Coahuila; I y II de Colima; I al XII de Chiapas; I al IX de Chihuahua; I al XVIII y XX, XXI, XXII y XXVI del Distrito Federal; I, II, III y IV de Durango; I, IV y VII de Guanajuato; I, II, V, VI, VII, VIII de Guerrero; I al VII de Hidalgo; I, IV, V, VI, VII, VIII, IX, XI, XIII, XV, XVI, XVII, XVIII y XIX de Jalisco; II, V, VI, VIII, X, XI, XII, XIII, XVI, XVII, XIX, XX, XXIV, XXV, XXIX, XXX, XXXI, XXXII, XXXIII, XXXV, XXXVII, XXXVIII Y XXXIX, del Estado de México; I, II, III, V VII, IX, XI Y XII de Michoacán; III y V de Morelos; II de Nayarit; I, III, IV, VI, VII, VIII y X de Nuevo León; I al XI de Oaxaca; II, III, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII y XV de Puebla; I de Querétaro; III de Quintana Roo; I y III de San Luis Potosí; V y VIII de Sinaloa; I, II, IV y VII de Sonora; I al VI de Tabasco; II, III, IV y VII, de Tamaulipas; I y III de Tlaxcala; III, IV, V, VI, VII, VIII, XI, XIV y XXI de Veracruz; I y V de Yucatán; II y IV de Zacatecas.