La sucesión presidencial a través del caos

(Domingo 30 de mayo de 2010)

Por Felipe Moreno

La sucesión presidencial de Felipe Calderón Hinojosa tendrá un sabor suigéneris: el de la hemoglobina con la cual se ha "irrigado" nuestro país los últimos 15 años, y no estamos hablando de los 24 mil muertos que ha dejado la llamada lucha en contra del crimen organizado.

La descomposición que vive nuestro país tiene orígenes y cadáveres políticos. La guerra en contra del llamado crimen organizado hay que verla en otro contexto, el de todas las luchas armadas: la guerra es, antes que todo, un negocio, y por lo tanto, nuestra guerra en contra del crimen organizado debe llegar hasta el 2014, ya lo dijo la DEA y se opusieron los Estados Unidos de Norteamérica al paso de armas y municiones por la frontera de México con Arizona. Más aún, ya militarizaron sus líneas fronterizas en Arizona, el Estado norteamericano por donde cruza el mayor número de armas, granadas y cartuchos hacia México y Centroamérica. Pero ese, por ahora, no es nuestro tema de este domingo.

El tópico de hoy sigue siendo la desaparición política del "Jefe" Diego Fernández de Cevallos, un abogado que recién cumplió 69 años el pasado 16 de marzo y cuya biografía, sin entrar a detalle, arroja datos dignos de análisis en estos momentos donde su desaparición se encuentra cubierta con el manto del silencio, operada y manipulada por uno de sus más cercanos colaboradores y "amigos", el también abogado Antonio Lozano Gracia; procurador general de la República de diciembre de 1994 a noviembre de 1996 y quien, recuèrdese contrato a Pablo Chapa Bezanilla, fiscal especial para los casos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu para atender el caso Raùl Salinas de Gortari. No olvidemos en esta historia a Francisca Zetina, "La Paca", confidente y vidente de Raúl Salinas de Gortari y al propio Chapa Bezanilla al lado del triunvirato: Un cúmulo de personajes menores, sin carácter y en verdad protagónicos, pero con funciones relevantes en lo que suele llamarse telenovela.

La desaparición política del "Jefe" Diego es política y su secuestro también lo es. Ya lo hemos dicho, el móvil principal no es dinero, se trata de una oscura negociación polìtica al más alto nivel de nuestra política, donde se han comenzado a develar las siluetas y detalles de dos enormes bloques políticos, el encabezado por la actual administración y sus alianzas con el pasado zedillista y foxista y el encabezado por Carlos Salinas de Gortari y su "grupo compacto", quien el día de ayer, hizo uso del Estado de Querétaro y su gobernador, para ungir al próximo presidente del CEN del PRI, sobre la zalea del "Jefe" Diego Fernández de Cevallos. La unción del yucateco Emilio Gamboa Patrón como dirigente de la CNOP, entre aplausos y vítores proporcionados por el gobernador del Estado de México, y precisamente en Querètaro, puesto de moda últimamente, guarda y da para muchos significados y posteriores análisis de tipo no criminal y si polìtico.

Para entender los alcances y proyecciones en la desaparición política del "Jefe" Diego y la unción del priìsta Emilio Gamboa, es necesario recurrir a nuestra memoria política, y sobre todo al debate del 94, donde Fernández de Cevallos, ganando el debate, decidió arrepentirse y no ganar la Presidencia de México. Recordemos ese articulo de Jucio Polìtico y que se publicò en la Revista Impacto de mi querido hermano Juan Bustillos, con el tìtulo: "De Perry Mason al Jefe Diego". Y màs ahora, cuando de un lado se encuentran: Felipe Calderón, Vicente Fox y Ernesto Zedillo y del otro Carlos Salinas de Gortari, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Diego Fernández de Cevallos en los primeros planos de la polìtica. Después de esta lectura, quizá entendamos un poco del por qué tanto silencio en el caso Fernández de Cevallos, incluida la destacada colaboraciòn de Televisa.

El post debate, cuando huyó el "jefe" Diego Fernández de Cevallos

Por Felipe Moreno

Hacia los años 60, cuando el México criollo marcaba severas diferencias entre pobres y ricos; cuando la llamada clase media era casi inexistente o en vías de aparición, el hoy llamado "Canal de las Estrellas" - entonces denominado Telesistema Mexicano- tenía al aire un programa dominical titulado "Perry Mason", donde un abogado norteamericano, clase-mediero por cierto, era, con sus argumentos jurídicos la aspiración de todo un pueblo.
Para verlo por la televisión, muchas veces se tenía que pagar la "enorme" cantidad de veinte centavos -cobre-, pues poca gente contaba en esos años con los adelantos que hoy nos presta la tecnología más moderna y digital. No era nada confortable, ni recomendable, para un infante o adolescente, ver dicho programa televisivo entre los humores y olores más variados de una muchedumbre que prefería otro tipo de programación. En fin, la televisión en aquellas pocas era un lujo al cual no tenían acceso las llamadas clases marginadas; aquellas que tenían que emplearse en las artes manuales, las artes y los oficios. En esos años era fácil encontrarse a un amigo metido a bolero, vendedor, repartidor de periódicos o simple subempleado, fuera como "chícharo" de peluquería o "coime" en algún billar de la localidad.

Era normal en los años sesenta que la gente fuera a los establos por la leche bronca y el pan a la panadería, o bien a las tortillas o; en términos generales, a cumplir con un "mandado", para llevarse unos cuantos fierros a la bolsa.

Eran las épocas en que había toreros, artistas, actores, literatos, ingenieros, médicos prominentes compositores y músicos de la talla internacional de Agustín Lara y, por supuesto, también había políticos. El entorno era difícil, pero todavía se podía escalar la pendiente de la marginación social, económica y política, hasta lograr mayores estadios de mayor bienestar y confort familiar.

En este contexto histórico, la imagen dominical de "Perry Mason", era confort para unos y sacrificio para otros que, en un país de iletrados, preferían otros programas menos "complicados". El asunto era trivial y sencillo. Hasta pareciera que en nada hemos cambiado; en este "México moderno", y de supuestos "cambios", pues el fenómeno aun se encuentra presente en la mente de muchos mexicanos, sobre todo en las muchas cabezas de aquellos hombres y mujeres cuyas edades ahora oscilan entre los 40 y cincuenta años -de edad fisiológica- y que son hijos, padres y abuelos de las nuevas generaciones que ayer votaron por el PAN.

Esta pequeña referencia histórica no es un retroceso o querer volver al pasado, se trata tan sólo de un señalamiento histórico para tratar de entender la profundidad de lo ocurrido el 12 de mayo de 1994, donde las palabras de un abogado, penalista en sus principios y defensor de giros negros; y después metido a consultor bursátil, se llevó la aquella noche, sin que el pueblo de México se percatara que detrás de aquella cara tan risueña, amable, generosa, incluso hasta bondadosa, podrían estar escondidos -todavía- los intereses que cobijaron un día de 1939, la aparición del partido Acción Nacional, desde aquellas oficinas las del entonces Banco de Londres y México, cuna de la reacción bursátil que hoy nos mal gobierna. Sea desde la presidencia de México, sea desde el Senado de México y desde Acción Nacional.

Las comparaciones nunca son buenas y, en esta ocasión, pueden ser desastrosas, más, si aquella "muchachada" de los años sesenta o la de los años 90, hoy con el futuro en sus manos, todavía anhela ver en su televisor -ahora de color- al inmortal Enrique Alonso -"cachirulo"- y su "Teatro Fantástico", claro esta con su clásico saludo "Adiós Amigos"; o algún otro programa más ameno, como lo fue "Chucherías", con los inolvidables Chucho Salinas, Leonorilda Ochoa y, por supuesto, el ácido aromático y cómico melancólico de Héctor Lechuga. Un México alejado de los pleitos jurídicos de un brillante abogado que hoy no existe en las pantallas de televisión, como muchas otras cosas que el canal de "ponchivisión" quiere recuperar.

Hoy, la realidad es otra, muy diferente. En política, el PRI dejó de ser el partido del gobierno o en el gobierno, Acción Nacional dejó de ser la "leal oposición" que pintaba su propaganda en los postes de las calles de manera rudimentaria, usando para ello una pintura de baja calidad, fortalecida con un poco de cal y sal, para que resistiera los embates meteorológicos. Ahora Acción Nacional ejerce el co-gobierno o "pluralidad" fragmentada, donde seguramente los pobres y marginados sociales permanecerán como siempre: aglutinados mayoritariamente en un partido como el de la familia Cárdenas, en espera de que la "Revolución" o "Robolución" les haga justicia".

Para quien sabe lo que significa la palabra "Debate"; el "esperado debate del siglo" entre los aspirantes de los tres "grandes" partidos nacionales no fue un debate, ni siquiera un alegato. No hubo materia, no hubo "cuerpo" a debatir y menos temas de fondo para una polémica de altura, quizá por ello, los contendientes de Fernández de Cevallos reservaron sus mejores armas para otros momentos u otras vidas. ¿Qué quién fue mejor? Es un asunto subjetivo y muy personal. Quién tuvo ojos y oídos, pudo ver y constatar los hechos, también sacó sus propias conclusiones.

Al margen de ganadores y perdedores, al margen de trivialidades sólo vistas en los certámenes de belleza y los concursos que se organizan para "descubrir" nuevos "talentos" artísticos en televisión, se debe reconocer que todos los mexicanos ganaron, claro esta, sí como avance democrático queremos ver la "presentación en sociedad" de los candidatos más conocidos en ese momento a la Presidencia de la República.

Hasta aquí podemos estar de acuerdo con lo dicho y expuesto por Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Ernesto Zedillo Ponce de León; es decir, fue‚ sólo el primer "round" de una pelea a muchos "asaltos", donde los contendientes sólo desfilaron por la pasarela y, uno más que otros aprovecho el descuido para conectar algunos golpes espectaculares que cautivaron a la ciudadanía, pero que no lograron convencerla pues todo quedo en la expectativa, ante la ecuanimidad o desdén de un Cuauhtémoc Cárdenas o un Ernesto Zedillo, quienes no cayeron en posturas protagónicas y estúpidas que atacaron más el sentimiento de los mexicanos que a su raciocinio político.

En nuestra pasada colaboración decíamos que los difíciles momentos políticos por los que atraviesa el país debían ser motivo de análisis y reflexiones profundas, alejados de recriminaciones y acusaciones mutuas. Los contendientes deberían entender que son o eran momentos de dignificar la política y colocarse en los niveles de un mundo al que se aspiraba llegar, y no querer seguir confundiendo a nuestros electores con posturas de "histriones de circo taurino". En esos momentos, no sólo estaba en juego el más elevado cargo público de la nación, estaba en riesgo el futuro de una sociedad que "nada" en la nada del desconcierto, como se esta viendo ahora.

En toda contienda política, más tratándose por la Presidencia de la República, el asunto más serio y problemático era el relativo al aspecto ideológico. En el se centraba todo un proyecto, la personalidad de un líder y los propósitos de un futuro estadista. Eso era lo que todos los mexicanos querían ver y no lo que ayer fue una lucha "oculta" que hoy se muestra en todo su esplendor. México esperaba una "guerra" de ideas que convencieran y no una pila de epítetos y calificativos innombrables. Sí existían ideas y proyectos -decíamos hace años, habrá que verlos, conocerlos y analizarlos.

Retomando este contexto, cabe decir que las ideas fueron muy pocas y los proyectos brillaron por su ausencia. Se señalaron y aceptaron errores. Todos coincidieron en el cambio democrático, pero ninguno aporto vía o soluciones.

No fue como se esperaba: El debate; fue una simple discusión, quizá la primera, más no la última. ¿Qué no hubo propuestas concretas?, ya se sabía de antemano; que Mayte Noriega no estuvo a la altura, era de esperarse; que Fernández de Cevallos se le iría a la yugular a Cuauhtémoc Cárdenas y luego a Zedillo era algo conocido por los profesionales de los medios de comunicación. En suma, no hubo sorpresas; y aquí, puede seguirse engañando quien quiera. Quien quemó sus mejores cartuchos fu‚ el panista Diego Fernández de Cevallos, quizá traicionado por una formación jurídica donde se tiene siempre presente que "el primero en tiempo es primero en derecho". El panista fue claro, aunque limitado por cuestiones de tiempo y contrincantes.

Si queremos ser justos, hay que decir que no hubo debate, discusión, polémica, contienda o litigio. Fernández de Cevallos iba preparado, con los pelos en la mano, como aquél "Perry Mason" de los años sesentas, a quien nunca se le vio perder un alegato. Incluso, puede decirse que se jugó el todo por el todo cuando mostró la verdadera cara de un perredismo a quien acuso de tener dos caras: una como oposición, otra como gobierno. El panista fue claro al decir que Acción Nacional ve hacia el futuro, no hacia el pasado.

El embate hacia el PRD fue‚ lapidario, quizá por el conocimiento que se tiene de las otras alternativas democráticas. Las imputaciones al PRD no fueron buches de hígado, cuando dijo que el PRD es un partido que oferta una democracia que no representa. Lo sustento con argumentos, como la ley electoral que promovió Cuauhtémoc como gobernador priísta de Michoacán, que atentaba no sólo contra los estudiantes michoacanos, sino contra toda la población. Leyes de ese tipo hubo muchas, la de educación, que según Fernández de Cevallos es una negación en la campaña que viene realizando por universidades e institutos de educación superior, donde el perredista Cuauhtémoc Cárdenas, por cierto, reunió - en la UNAM- unas 100 mil almas. Con esa ley, según el panista, todos los estudiantes del 68 hubieran quedado excluidos, no sólo de la educación, también de todo proceso democrático.

Sin duda, Fernández de Cevallos, actual presidente de la Junta de Gobierno en el Senado de la República, se fue a la médula espinal del PRD, a lo indefendible, cuando le increpò a Cárdenas haberle dado dinero al PRI cuando fue gobernador de Michoacán y cuando le sostuvo que llegó a dicha posición mediante el cuestionado método del dedazo y la imposición, apoyado en las enaguas de su señora madre, doña Amalia Solórzano de Cárdenas. Palabras más, palabras menos, le recordó que él mismo hace unos días había dicho que le comento esa inquietud al entonces Presidente de la República, José López Portillo, luego vino lo demás.

Las dos caras del PRD, las conoce el PAN, sobre todo después de aquella platica privada en una suite del Hotel Reforma en Julio de 1991, donde Luis H. Álvarez, Cuauhtémoc Cárdenas y el desaparecido luchador social Salvador Nava Martínez, decidieron entablar una alianza para deponer a Fausto Zapata como gobernador en San Luis Potosí y preparar la caída de Ramón Aguirre en Guanajuato; quizá por ello, como muestra de lealtad a aquella alianza, Cárdenas sólo pudo decir: "no oculto nada, ni me arrepiento de mi pasado; siempre he hablado por la democracia".

Es cierto, el perredista no cayó en la provocación panista, sólo defendió a Vicente Fox. Sería bueno saber que quiso decir Cárdenas cuando sostuvo que sus palabras no siempre quieren decir lo mismo. ¿Acaso prefirió salirse por la tangente? Los argumentos de Cárdenas fueron endebles ante el panista, incluso cuando Diego sostuvo que en Guanajuato habían ganado y bueno, desaseada o no, con la llegada de Medina Plascencia a la gubernatura de Guanajuato "recuperaron algo". Por si Cárdenas rebatía, Diego tomó ventaja cuando dijo, de Michoacán y de su partido "aquí tengo 23 casos" donde el beneficiado fue el PRD.

Los argumentos del panista fueron más jurídicos que políticos y acorraló al perredista, al grado de decirle: "no rechazo usted ningún cargo". O sea, el que calla otorga, señor Cárdenas. Y es que, había que ayudar al inepto de Ernesto Zedillo.

No obstante los positivos resultados del multicitado encuentro", los mexicanos continúan en la indefinición democrática. A pesar de lo que se diga hoy, el futuro está en peligro. En este sentido, los potenciales votantes el próximo 21 de agosto, no querían ver sólo un capítulo de cargos o una simple compilación de datos que podía narrar un erudito de biblioteca. Se trataba de ver con otra óptica, templada al calor de las ideas del porvenir, y con la experiencia de las cosas del pasado esa enorme dificultad para ocuparnos de cosas a la vista, de hombres y mujeres en la lucha por la vida; de intereses resistiendo para permanecer sobre otros que pugnan siempre por alimentarse del poder. Como después fue el caso de Vicente Fox.

Diego Fernández de Cevallos no pudo resistir los atractivos del líbelo; lo que siempre le gusta. Se paro en los linderos de la adulación; ahogo los impulsos del libre albedrío ante el inflexible dominio de la razón, haciendo justicia a los contrarios y castigando a los amigos. Nunca excuso confesiones nobles para no dar armas de ataque al opositor; ni considero caritativamente a los hombres hasta en sus debilidades y, levantó la cuchilla del razonamiento contra las instituciones orígenes del mal y del bien.

El debate de mayo del 94 debió destruir muchos errores del presidencialismo, no del priísmo, perredismo o salinismo; debió desgarrar muchas vendas, esclarecido muchos conceptos y atesorado todos los asuntos palpitantes de utilidad nacional. Esos mismos velos que hoy le pesan terriblemente a Vicente Fox.

Y que le siguen pesando a Mèxico para su pleno desarrollo democràtico.

Las otras partes el caos: Greg Sànchez a Nayarit... elecciones del 4 de Julio... Lìderes Petroleros en la càrcel desde el viernes pasado... Cananea...electricistas...etc.