AMLO ¿El “camello” de la esperanza?
A pesar del deterioro económico, social, político y religioso que padecen los Estados Unidos Mexicanos, hay quienes continúan edificando castillos de arena o retacándose la cabeza de humo y aserrín ante un supuesto héroe o gladiador. No cabe la menor duda, quienes aún manejan este sistema político y económico, permanecen con esa creencia de fines del Siglo XVIII, donde a los mexicanos no se les otorgaba ni dos dedos de frente, léase de mínima inteligencia.
Aunque hablamos de corceles esta vez, igual podríamos hacerlo de centauros o de peces biformes o deformes, de exótica naturaleza. Hablemos de metamorfosis, pero de metamorfosis políticas. Del que cambia su perfil de bandolero e incendia pozos petroleros. Hablemos de los híbridos, de aquellos personajes que ayer fueron del PRI y que hoy pretenden pasar ante los ojos de millones de mexicanos como “perredistas inmaculados”, sin las llagas ni las huellas de la lepra que sus cuerpos mostraron cuando fueron abiertamente del PRI. Los que hoy se muestran cada mañana envueltos en sedas chinas y casimires ingleses, los que ya dejaron los morrales, las mezclillas y los huaraches.
Hablar del PRD, del partido del Sol Azteca, y sobre todo de sus candidatos a la Presidencia de la República o Jefatura de Gobierno en el Distrito Federal, es hablar de más de lo mismo, sólo es cosa de ver en los altos cargos públicos de la capital del país aquellas que fueron antes figuras, cuando dirigieron y sostuvieron a las estructuras del PRI, lo mismo desde la Secretaria General del Gobierno del Distrito Federal o de igual manera desde la Secretaria General del Comité Directivo del PRI en el mismo Distrito Federal. Las mismas estructuras que inventaron a “La Loba” a Guillermina Rico, las siempre reinas de la corrupción y el ambulantaje, llámese PRI o PRD. Hasta pareciera que nada hubiese cambiado y que el PRI sólo hubiese virado hacia las siglas del PRD con todo y comadres. No cabe duda, Andrés Manuel López Obrador aún no supera sus conflictos personales y de clase. Y es que, delante y detrás del tabasqueño, la cargada de priístas y ex priístas no tiene medida. Es larga la lista, enorme la nómina. Más aún, en estos días se han sumado más huestes, como si ya fuese un hecho consumado su arribo a la Presidencia de México. Hoy, con publicidad y sin sustento los noticiarios radiofónicos y televisivos ya cantan loas a López Obrador, incluso han olvidado su pasado “socialista”. Sólo que han olvidado un detalle, el tipo de presidente que será.
Para muchos, sobre todo los que reciben fuertes sumas de dinero, disfrazadas en publicidad, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador es la salvación de México; es la Atalaya que la nación necesita en estos momentos. Es ese hombre que se ha dicho a sí mismo, “soy el verbo encarnado”, “la resurrección de Benito Juárez”, sólo porque un loco asesor se lo comentó.
La Presidencia de México no se compra con dinero, no es Sanborns, no es Tel Cel, no es Sears, no es Yahoo, no es una marca comercial. México es un país que obedece a un pacto federal, es por tanto una federación que en nada se parece al gobierno confederado de los Estados Unidos de Norteamérica. A pesar de que sea cierto, Andrés Manuel López Obrador gobierna bien, con ayuda de Giuliani, porque su mandato únicamente abarca las cuatro calles que delimitan el Centro Histórico. Un espacio más que se sumará al ya conocido territorio Tel Cel. Donde la vieja Torre Latinoamericana se convertirá en la Torre Inbursa, para cuando llegue la nueva torre de Relaciones Exteriores se diga, !ahí están ya! en México, a escala, las torres gemelas. Edificaciones de ignorantes o comerciantes voraces que desconocen el espíritu que inspiró la edificación de la torre de Relaciones en Tlaltelolco. Tres fueron los motivos históricos en Tlalteloco; en la nueva alameda, sólo se ven dos. Ambición y dinero. Viva el “camello" de la esperanza. El que superó al de Carlos IV, el que critica al “padre”” de su benefactor, mientras éste lo unta de elogios y dice: “cómo ha crecido, cómo domina los escenarios, cómo maneja su sucesión presidencial”. Sin duda, la voz y visión de un perverso, el que sabe política, el que no cree en la “buena fe”, a quien puede tildarse de todo, menos de estúpido.
En fin, sigamos jugando a los buenos modales, a la evolución política del ex violento y rupestre Andrés Manuel López Obrador; mientras otros colocan ya soga y patíbulo en el cuello y las botas del Presidente de México. Un hombre de “buena fe”... que en política bien sabe López Obrador lo que realmente significa...
A propósito de metamorfosis, léase, si se encuentra: "Elogio de la Traición", por aquello de las recientes puñaladas de Andrés Manuel López Obrador, en contra de Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles Berlanga.