Arranca el proyecto presidencial de Andrés
Manuel López Obrador
A los habitantes
de la ciudad de México siempre se les ha considerado como si fuesen un hato
de bueyes o de ovejas, incapaces para dirigir su propio destino. Así, han
ido y venido gobernantes cuyas raíces se encuentran en otras partes del territorio
nacional y, por lo mismo, el Distrito Federal únicamente ha servido para hacer
las veces de trampolín o plataforma política.
Sólo es cosa de ver, para creer, la serie de movimientos "estratégicos"
que ya esta llevando a cabo el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, para
ser, si lo deja la clerecía política y la ultraderecha, el próximo presidente
de México en el año 2006.
Seguramente asesorado por su maestro y jefe Enrique González Pedrero, - quien alguna vez fuera recalcitrante salinista - es que desde ahora el jefe de gobierno de la ciudad de México ha emprendido su cruzada en pro de la presidencia de México. Su principal bastión: la educación superior con carácter gratuito.
El propósito educativo de López Obrador encierra un proyecto digno para ser analizado, pues este se torna peligroso en el terreno de los hechos políticos. Y es que, más que fines nobles, el proyecto anida desde hoy al mismo "huevo de la serpiente", por su marcada tendencia comunista. Como si la gran mayoría de los habitantes del Distrito Federal en sus 16 delegaciones políticas comulgaran con dichas ideas "socialistas".
El proyecto que iniciará en
agosto del presente año y donde serán reclutadas a favor de los planes de
López Obrador: Elena Beristain, Luis de la Peña, Horacio Flores de la Peña,
Enrique González Pedrero, Mario Molina y Esther Orozco, entre otras personas,
es una acción de corto plazo, pero que debiera revisarse con mayor cuidado
dado el perfil que asumirán los egresados de la primera Universidad del Distrito
Federal. Hasta pareciera que López Obrador, igual y como lo hizo el nacional
socialismo en la Alemania Nazi, ya estuviera preparando desde ahora a sus
cuadros, basándose en la reproducción ideológica de quien se considera como
su "padre político", el "maestro" Enrique González Pedrero.
Creer que la Universidad del Distrito Federal es un proyecto viable, es totalmente
absurdo, ya que ningún empresario o comerciante querrá adquirir a ninguno
de sus egresados, todos ellos más lumpen o "jodidos", como alguna
vez dijera el "Tigre Emilio Azcárraga". Menos aún para un cargo
de dirección, pues esos jóvenes desde hoy ya están contaminados de origen,
por ser esa una idea perredista y más todavía por tratarse de Andrés Manuel
López Obrador.
No cabe duda, el tabasqueño
lleva prisa. En pocos meses ya aprendió a pronunciar bien el español que se
habla en la ciudad de México, - aunque, vale decirlo, su vocabulario no es
muy abundante – y ha tratado de superar otro tipo de carencias y limitaciones
históricas.
Dicen que será en agosto cuando la Universidad del Distrito Federal abra sus
puertas teniendo como rector al también tabasqueño Enrique González Pedrero,
por cierto ex gobernador en aquel conflictivo estado. Y es que, decir que
no será González Pedrero el rector, sería tanto como pecar de ingenuo o ignorante
en materia de movimientos políticos y conocimiento de masas. González Pedrero
es, y será siempre la pieza más importante para López Obrador en los próximos
años.
El reclutamiento de "alumnos" va más allá de una cuestión académica. Sin duda se trata de algo grande y bien planeado. Dicho en otros términos, se trata de acaparar la mayor clientela que se pueda, luego de que Vicente Fox le dejara poco al PRD después de sus reuniones con los niños de las calles de Tepito. Andrés Manuel López Obrador lo sabe, por eso se ha dado a la odisea de lidiar con las juventudes lumpen, un terreno que no le es desconocido. Y que, como diría Cantinflas, ahí es donde esta el detalle, donde se ven más nítidos los fines políticos del próximo abanderado del PRD a la presidencia de la República. O sea, más que académicos son netamente políticos los planes de Andrés Manuel López Obrador, algo muy parecido a las ideas que tuvo el ex presidente Luis Echeverría cuando decidió inventar la Universidad Autónoma Metropolitana, luego de crear la Universidad de Ejército y Fuerza Aérea Mexicana
Cuestión de enfoques, tanto políticos como académicos, pero una cosa es cierta, la erección de la Universidad del Distrito Federal sólo es el pretexto del PRD – léase López Obrador - para entrar en contacto con el presupuesto y los recursos de otras universidades en el país para generar el caldo de cultivo que necesitará Andrés Manuel López Obrador en cinco años para sus fines presidenciales.
No cabe duda, el tabasqueño es inteligente, es un buen producto, de los mejores que ha dado la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. La de los verdaderos egresados y no como Enrique Jackson, un subproducto de la política de México. López Obrador avanza firme, "las mata callando", como buen discípulo del ex gobernador priísta y buen salinista Enrique González Pedrero.
Que mejor método para hacer política que agitando universidades. ¿O acaso usted, señor inversionista extranjero, no se ha dado cuenta para donde va México en los próximos años? Se ha puesto a pensar en las millonadas de pesos que serán "destinadas a la educación" en el contexto nacional, sumas que finalmente serán utilizadas para reafirmar ideologías y fines presidenciales. Más aún, si también se cuenta con un gran número de preparatorias, todas ellas oficiales. Algo paradójico y contrastante si analizamos el perfil de la clase gobernante mexicana – léase PRI y PAN – que han sido educadas en instituciones privadas y, en su mayoría del extranjero.
Vistas así las cosas ¿cuál es
el fin de crear en estos momentos una Universidad del Distrito Federal? ¿Acaso
en los próximos años se pedirá titulo profesional para ejercer los oficios
de: taquero, ambulante o taxista? Y es que, el proyecto de Andrés Manuel López
Obrador al respecto y, más allá sólo tiene fines electoreros. Sin duda uno
más de los constantes fracasos del PRD en la capital del país.
Sólo será cosa de ver como pasa el tiempo y, por más destacados que sean los
científicos, intelectuales y educadores incluidos en este proyecto, sus resultados
serán tan demagógicos como populistas y destinados por lo mismo al más rotundo
de los fracasos académicos. Quizá no del todo desde el punto de vista político.
Pero una cosa será cierta, como certero es el dicho de que "infancia
es destino", donde Andrés Manuel López Obrador nunca podrá rebasar las
fronteras sociales que le dieron origen.
Así, mientras juzga las administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles para erigirse como el nuevo "Tlatoani" del partido del Sol Azteca, invirtiendo un total 453 millones de pesos, para la construcción de su imagen a través de esas instalaciones y programas "educativos", los ojos de México deberán estar prestos para ver sus verdaderos fines. Sobre todo los de su "súper asesor" el anciano Enrique González Pedrero, a quien en sus canas se le refleja ese gran secreto, el que seguro esta inmerso en ese gran proyecto de "docencia e investigación" para el sistema de bachillerato y de educación superior en la ciudad de México.
El mercado al cual va dirigido
el fondo habla por sí mismo, pues este va enfocado a jóvenes entre 15 y 17
años de edad, - actuales- los cuales en cinco o seis años serán determinantes
en materia electoral en la ciudad de México.
La Universidad de la Ciudad de México y todas las universidades del país son
un reducto tan especial y codiciado para generar desde ahí sus cuadros reproductores
de base. Según los creadores de la Universidad de la ciudad de México, la
idea es servir a un amplio y heterogéneo sector constituido por jóvenes y
adultos que deseen realizar estudios superiores, ya sea de nivel licenciatura
o postgrado, así como también los famosos diplomados, cursos breves o especializaciones
para actualizar una formación profesional que no pudieron adquirir en alguna
otra universidad del "primer mundo". Seguramente este tipo de actividades
académicas terminará ejerciéndose en movilizaciones callejeras y manejo de
masas como los que realizan los Imaz por las calles de la misma ciudad de
México.
Y es que, señor López Obrador, vaya usted a engañar a otro perro con ese hueso que esconde sus muy personales fines electoreros. .