Populismo y Neoliberalismo:
Los principales males de la democracia política.
Carlos Slim cree descubrir el secreto del "agua tibia".
(miércoles 29 de Septiembre de 2004)
En 1987, cuando estaba por definirse
la sucesión de Miguel de la Madrid, se trazaron las siguientes líneas,
mismas que hoy cobran mayor actualidad, pues han sido recuperadas por el empresario
Carlos Slim. El artículo no es nuevo,
data de aquellos días, sólo ha venido actualizándose
año con año y no ha perdido vigencia alguna: el
populismo y el neoliberalismo, siguen siendo los principales males de
nuestra democracia política. Sólo que ésta vez no lo
dijo Juicio Político, lo pronunció el empresario Carlos Slim
en alusión directa a uno de sus dos precandidatos.
En toda contienda política y más tratándose de la Presidencia
de la República, el único aspecto serio es el ideológico.
En él se centra todo, desde un proyecto de gobierno hasta la personalidad
de un futuro líder o estadista. Lo que ayer fue una lucha oculta entre
dos bandos, mismo que acabó con las aspiraciones del sonorense Luis
Donaldo Colosio, hoy se muestra en todo su esplendor con nombres y apellidos.
Sin duda, populismo y neoliberalismo
son amenazas que deben ser ampliamente debatidas entre los principales aspirantes
a la silla presidencial para el periodo
2000 - 2006.
En las últimas décadas esta moda Latinoamericana ha ocasionado
graves estragos por sus idílicas y demagógicas propuestas. El
populismo, como el neoliberalismo, son acciones que desde su aparición
a principios del siglo XIX han cautivado a más de un líder,
confundido a buena parte de los intelectuales y engañado a muchos pueblos.
Inevitablemente los gobiernos de este corte han propiciado un debilitamiento
inmediato de su vida democrática y desquiciado su economía.
En suma: crisis y dictaduras han sido los resultados "trágicos"
de dicha aventura.
En la historia no han sido pocos los pueblos arrinconados en sus ilusorias
promesas de repentino bienestar y crecimiento de la productividad nacional.
Los mismos hechos certifican, con una amplia gama de ejemplos, lo pernicioso
y catastrófico de su paso y su improcedencia. Gobiernos completos que
utilizaron esas vías cayeron en falsas simpatías, hasta llevar
a sus gobernados por los senderos de la miseria y el caos. En nuestra América
los ejemplos son vastos: Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Perú
y Panamá, han llegado a ser arrastrados por el engaño y la manipulación
populista.
Las lecciones en estas naciones han
sido amargas. En todos éstos países se sufrieron graves retrocesos,
no sólo políticos también económicos y, sobre
todo de índole social. Es ya historia conocida la turbulencia enfrentada
y el excesivo costo que significó retomar un camino hacia una vida
democrática, sólida y actuante, con reales perspectivas de justicia
social en aquellas naciones víctimas de tan ilusorio futuro. Discusión
que, por desgracia, continua vigente y atañe a todos los sectores de la población,
incluido en este contexto nuestro México.
El término - por su concepción- nos atañe a todos y sobre todo
a los que esperan perspectivas reales de justicia social, sin distinciones
de emblemas partidistas. Los mexicanos, todavía inmersos en una crisis
de sacrificios dramáticos, donde el panorama cada día es más
incierto, nada halagador y donde las medidas macroeconómicas no bajan
de la estratósfera, los esfuerzos son verdaderamente inútiles.
Por lo mismo, la experiencia de otros países debe ser una voz de alerta
ante tan ilusorias promesas. Más ahora que el PAN y el PRD, pretenden
llevar a México por los rumbos del populismo o el neoliberalismo. Tan
nefasto es el de Fox - Sahagún
como el de Andrés Manuel López
Obrador.
Emprender un proyecto de nación
o gobierno no es cosa sencilla. Así, la estrategia delineada por un
gobierno no es tarea que pueda concluirse en tan sólo un periodo sexenal
y menos como pretendió el bloque PAN - PRD en San Lázaro, en
tan sólo unos cuantos meses de gobierno cameral. La continuidad, el
realismo y el compromiso popular deben ser las directrices de un gobierno
auténticamente comprometido con los destinos tanto del Distrito Federal
como los nacionales. Estos valores y no otros son los que realmente otorgarán
popularidad tanto al PAN como al PRD. Las promesas ficticias, la demagogia
y el chantaje, conllevan irremediablemente al populismo, aunque también
sea cierto que éste, el populismo, pueda llegar a revestirse con el
ropaje de un neoliberalismo emprendido hace 9 años como forma de gobierno.
La debilidad de las estructuras sociales y políticas ha hecho de los
pueblos víctimas indefensas de gobernantes demagogos. Mediante el acarreo,
el engaño y las falsas promesas líderes con carisma y "elocuente"
oratoria, han llegado a alterar, hasta el enfrentamiento, a las clases sociales,
como hoy puede ocurrir en todo México, donde el discurso del perredista
Cuauhtemoc Cárdenas o los panistas Vicente Fox y Diego Fernández
de Cevallos, pudieran lograr alterar los valores nacionales. Aunque sea cierto
que sus mensajes hasta hoy han sido confundidos y mal interpretados logrando
construir tan sólo enemigos ficticios que distraen a las masas, para
arrastrarlos hacia empresas que seguramente no desembocarán en aventuras
de un alto costo social y menos político como son los deseos de Andrés
Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo o Carlos Medina Plascencia
.
La democracia es un valor universal
que distingue a determinadas formas de gobierno. En su nombre, reducidos grupos
de "iluminados", se han logrado emprender
proyectos políticos que, bajo el supuesto de grandes avances sociales,
han logrado apoyos de grandes contingentes sociales. El instrumento, en todas
las veces, ha sido un discurso que ataca directamente al sentimiento y no
a la razón. El resultado ha sido la desorientación, arrasadora
de las masas hacia objetivos siempre personales, los cuales - en todos los
casos- sólo han logrado enturbiar en el corto plazo las legítimas
aspiraciones nacionales. Por lo mismo, el populismo del PRD, como el neoliberalismo
del PAN, son males de la democracia política. Por tanto, su aparición
e incrustación en el poder, no debe acabar con la participación
ciudadana en la vida política; por el contrario, debe fortalecer a
la democracia en su sentido más acabado, para que un gobierno sea auténticamente
popular.
Ofrecer ilusiones conlleva al abismo. Por lo mismo, los términos deben
ser aplicados con precisión y su práctica no debe confundirse.
Proponer una rápida mejoría en las condiciones de vida, sin
generar las bases reales de sustentación, sólo lograra deteriorar
más las bases económicas de una nación como México.
Buscar un súbito incremento en el bienestar a través de medidas
inflacionarias como es un abuso en el gasto público, el abuso de una
reforma fiscal, la excesiva estatización de la economía y el
alejamiento de las condiciones reinantes en el mercado internacional, sólo
contribuirá a terminar con la productividad y la poca confianza que
tiene México en el mundo.
Bajo la movilización desorganizada
de las masas y el desequilibrio creciente de su economía, los países
que han presentado movimientos populistas han sufrido prolongados momentos
de estancamiento, incluso golpes de Estado o dictaduras, así como la
"incapacidad" total, por largos periodos para restablecer sus dañadas
economías.
En México se ha conocido como populista o neoliberalista, la estrategia
tendiente a consolidar, de manera abrumadora, la participación del
estado en la economía, financiada a través de medidas que desatan
la espiral inflacionaria y la dependencia, tales como la emisión de
billetes y el endeudamiento. Esto ha provocado debilitamiento económico
y pérdida de la confianza.
La movilización de los sectores urbanos sobre la base de un acelerado
aumento en el gasto social y el incremento en los niveles de vida al margen
de los ingresos reales, vía programas subsidiados, sólo han
logrado desencadenar una profunda crisis económica y la pérdida
total del consenso en el régimen político, sea vía PRI,
PAN o PRD.
El establecimiento de una política
de austeridad, de equilibrio financiero y de disciplina en el gasto público,
no es resultado de una política antinacional, como quieren hacer ver
hoy partidos políticos opuestos al PRI, es parte de toda una estrategia
para fortalecer la democracia y la economía. Por lo mismo, no es casualidad
que uno de los aspectos atendidos por Ernesto Zedillo se haya enfocado en
contra del populismo y del neoliberalismo.
A mediano y largo plazo populismo y neoliberalismo han sido fatales para las
aspiraciones genuinamente democráticas de una sociedad. Con sus raíces
siempre demagógicas, su desorden económico, su libertinaje social
y el abuso de poder, han propiciado serios retrocesos sociales. Los riesgos
de la vida democrática muestran que ningún régimen exige
tanto como a quienes viven bajo una democracia. Por tanto, un aspecto importante
que debe atender la ciudadanía es la de no dejarse conducir por la
vía del beneficio inmediato - como quiere hoy el PRD- pero poco duradero,
ni por la retórica, carente de responsabilidad social, como es el caso
de Acción Nacional.
Por lo mismo, los conceptos popular y populismo son tópicos que deberán ser utilizados y analizados a futuro con mucho cuidado, y más por aquellos que, como Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Lázaro Cárdenas, ya dieron inicio a la carrera presidencial 2000 - 2006.