Por: Felipe Moreno * Reflexiones de 1999
El día de hoy, según los voceros y publicistas del partido Acción Nacional “todo México habla de cambio”. Incluso la “iglesia”, obvio la que siempre ha permanecido con las narices metidas en la política de México, se adelanta a los hechos y, desde los púlpitos, anuncia la posible “alternancia en el poder”.
Obvio es que éstos “nobles” propósitos no son así y, menos tan rápido. El cambio del que hablan curas y publicistas no esta a la vuelta de la esquina. Para alcanzar éstos buenos propósitos hace falta más que un guardarropa repleto de botas con todo y sotanas, y más de medio millar de aquellos atributos que, valga el ejemplo, sólo existen en las granjas y que los curas y panistas sólo utilizan de vez en cuando para cumplir una función biológica poco definida.
La alternancia en el gobierno de México, puede estar a la vuelta de la esquina o la parroquia más cercana. Pero una cosa es ser gobierno, otra estar en el poder. Y, en este sentido tan estricto, nadie y menos el clero político de México las tiene todas consigo. Amplias son sus fisuras internas y públicas sus escandalosas zacapelas por llegar al trono de Roma.
En México, para ser precisos en el análisis, digamos que un grupo de cristeros, disfrazados bajo el mote de “los amigos de Fox”, en su desesperación por llegar a renovar aquel lema de “Constitución y Fueros” o “Viva Cristo Rey”, hoy nos vienen a tocar la hormona con la vida y obra de un “heredero” del Padre Pro; un hombre “fiel y abnegado a los designios de la iglesia Católica”. Y es que, a los ojos del mundo,Vicente Fox utiliza hoy la fe de millones de mexicanos con abiertos fines políticos. Como si el asunto que hoy nos toca decidir a los mexicanos en las urnas electorales fuese un asunto sólo de fe o un simple trueque de botas y camisas por sotanas.
Es claro que la Iglesia Católica de México nunca aceptó el triunfo de la Revolución Mexicana. Es obvio que nunca ha aceptado el hecho de haber perdido canonjías y privilegios desde el siglo pasado. De hecho su guerra es continua, permanente, pues de hecho nunca aceptarán ni reconocerán al gobierno de México; o sea del PNR, PRM, o del PRI. Aunque éste partido en los últimos años con Carlos Salinas de Gortari a la cabeza, les haya devuelto una parte de sus privilegios y, lo más importante, el pretexto para que hoy abiertamente vayan en pos de la presidencia de México y, por supuesto en busca de sus fueros, canonjías y excesos. Más allá de aquello que con Zedillo fue verbena popular en Los Pinos, para que esa abierta de puertas o de patas, sea de forma secular sequlorum.
Pero, ¿quién se atreve y en nombre de quién a hablar de alternancia en el poder? Cuando Cristo dijo: “mi reino no es de este mundo”. Obvio, una estructura de poder que ha permanecido inmóvil durante los últimos 2000 años, y que hoy nos viene a decir que por fin se dio cuenta que existe una gran desigualdad y pobreza en todo México y el mundo. Más todavía, cuando vemos a uno de aquellos viejos Fariseos, que antes votaron por el PRI, acomodarse sin pena y sin tapujos dentro de las filas del partido Acción Nacional, hoy que parece serán gobierno. Qué cinismo, totalmente vomitivo el del empresario Juan Sánchez Navarro, sí, del quien nadie sabe de donde resultó ser el “ideólogo” de la clase empresarial. Como si el capital y sus dueños pensaran más allá de hacer hijos y dinero.
¿Cambio? ¿Cuál cambio? Sólo si tomamos el término en forma literal y con cero responsabilidad social. En el cambio foxiano, se van unos, pero llegan los otros. Ese es un cambio simple, el que se plantea desde las atalayas del partido Acción Nacional en México. Nosotros por ellos es la consigna, y dice la Iglesia Católica “ahora les toca ser oposición”, así es ahora dicho los hombres del clero político de México.
Hasta aquí, la nota sólo da para eso, un cúmulo de especulaciones, adjetivos y declaraciones sin sentido político, que sólo dejan al descubierto un gran resentimiento político - social.
Lo real, lo concreto, es que nuestro país esta dividido, fracturado, roto, sin identidad nacional. Es por eso que hoy nuestros candidatos a la presidencia de México viajan al extranjero en busca de votos o devotos. Ahí, al exterior, donde están los más, los que ayer fueron menos hasta ser arrojados de su país. Hoy, ellos son cada vez más en el extranjero. Esos hombres y mujeres que han sabido bien defender sus raíces y costumbres al margen de candidatos y partidos políticos. Hombres y mujeres a quienes nada dicen las promesas y proclamas de un cambio en la voz de políticos advenedizos.
El cambio del que hoy hablan nuestros políticos, hace tiempo que se dio. Este ocurrió el día en que comenzamos a ver una especie de cruzas políticas, y donde los colores que antes eran firmes, comenzaron a desteñirse hasta perder brillantez e intensidad. Aparecieron de pronto y por doquier los traidores; se acabó la ideología y se dio paso inmediato a vividores y traidores en la política de México. Verdaderos “hombres rana” que hoy saltan de rama en rama, hasta encontrar que siglas los adopten y los tapen.
Nuestra historia política es cíclica y patética. Esta llena de pillos y traidores. En este país, desde que se obtuvo la independencia, al pueblo se le engaña. El poder lo siguen manteniendo criollos y cobrizos.
Se habla de cambio, siempre se le ha mencionado en la historia de México; sin embargo los grupos privilegiados, uno de ellos, la iglesia, no da tregua a la miseria y la pobreza. Vigentes permanecen las viandas donde se depositan: Ofrendas, Diezmos y Limosnas. Se habla de cambio, más sin embargo, los ricos siempre seguirán siendo los ricos y los pobres seguirán siendo los pobres. Se habla de cambio, empero, los empresarios y banqueros, los dueños del dinero, continuarán siendo los depositarios de las fábricas, los salarios, los bancos, los grandes comercios y, sobre todo del dinero.
Luego entonces ¿cuál cambio señor Vicente Fox? Sólo el de unos por otros. ¿El de los hombres con gafas negras y sombreros de fieltro, por el de unas finas botas y sotanas? Qué, obvio es, nada tienen que ver con las del gato con botas.
Hoy, según Acción Nacional, todo México habla de cambio; puede ser cierto, pero nadie y menos ellos, hablan de perder canonjías y privilegios.
El poder, como sinónimo de gobierno, corrompe; luego entonces tampoco sirve a las causas democráticas. El cambio por el cambio, es tan sólo una ociosidad.
Hoy se habla del “Nuevo PRI”, y sin embargo, permanecen vigentes los hombres del viejo PRI a la cabeza de todos los candidatos a un cargo de elección popular.
El PAN habla de cambio, pero no tiene con quien hacer el cambio. Ni siquiera entre ellos – los panistas – se conocen.
No cabe duda, el cambio del que se habla en México hace mucho que se dio. Hoy se vive la era del individualismo, el egoísmo y la usura. Vivimos el neomercantilismo de los hombres y las cosas. Sólo que ellos, los políticos nunca lo creyeron. Por eso hoy, cualquier histrión de circo puede ser visto como una posibilidad en el gobierno de México. Sólo es cosa de mezclar un poco de saliva con Coca Cola, salir de madrugada al sereno y dejar engrosar la voz. Qué cosa más ridícula y patética. Y todo porque un grupo de tecnócratas priístas enquistado desde hace décadas en las nóminas del gobierno se resiste a perder esa suculenta chuleta.
Hoy gobierno no es sinónimo de servicio y respeto. Hoy al pueblo sólo se le ve como una mercancía más y sin ningún compromiso.
Hoy, todos quieren llegar a la presidencia de México, pero obvio es que carecen de todo para llegar. Sobre todo de un atributo: amar realmente a México por encima de hombres como Córdoba Montoya, o de siglas famosas: FMI, BM, ya no se diga de alguna empresa trasnacional.
Busquemos ese cambio en donde quedó ese “Nuevo PRI”, ahí se podrían encontrar muchos de los eslabones que le hacen falta a esta cadena de errores. Ahí, seguramente esta la causa del deterioro social.
Preguntémosle a Miguel de la Madrid, a Emilio Gamboa y demás corifeos, ¿dónde quedó el nuevo PRI? Porqué ese nuevo PRI se hundió en la XIII Asamblea del PRI, aunque hoy las notas periodísticas y los gráficos pretendan mostrarnos la inexistente unidad del PRI, en un claro mensaje para salvar de lo perdido lo que aparezca.
Luego entonces, ¿ganó el viejo PRI? No, sólo se le sigue engañando.
¿Ganará acaso Luis Echeverría? Ojalá, entonces, si puede llegar Vicente Fox.