El entreguismo de Fox y Castañeda no tiene... nombre, menos apellidos

 

Por Felipe Moreno 

Desde las épocas precortesianas, o sea, antes de la aparición de la Malinche en la escena política del nuevo mundo, no se había visto en México cosa similar. Aunque de ella se entiende y justifica en tiempo y espacio y por ser esa la tradición precortesiana, no se puede decir lo mismo de sus más recientes discípulos, pues en ellos eso sólo se puede llamar entreguismo o vil carencia de identidad nacional. Sea dicho en inglés o en español.

Y, no es el hecho concreto de haberse puesto de tapete ante los Estados Unidos lo que indigna a los mexicanos, sino la manera tan rastrera en como Vicente Fox y su “canciller” Castañeda se han mostrado para defender o inventar más cargos burocráticos para ir a lustrar las botas del gigante norte americano.

Desde antes de los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono se venía presentando esta tendencia pro norteamericana en el gobierno de México, aún en contra de los ancestrales principios defendidos por nuestro país en materia de: autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de los conflictos en el orden internacional. Vicente Fox y su incómodo “canciller”, se disputaban desde entonces el primer lugar en entreguismo y postración hacia el gobierno norteamericano. En eso, nunca hubo duda, sólo precisión; México debía ser la punta de lanza en el Plan Puebla – Panamá.

  No era necesario que hubiese una guerra en contra del terrorismo para saber y ver lo que hoy nuestros ojos nos muestran más abiertamente. Es decir, que  tanto Vicente Fox como su “canciller” Castañeda, siempre han obedecido, “a pie juntillas”, los mandatos emitidos por el gobierno de Washington. Esto es, cada vez que los EEUU ven afectados sus intereses. En este contexto, es que, deben verse las exitosas operaciones de la PGR en contra del narcotráfico durante los primeros meses del mandato de Vicente Fox, mismas que hoy se han detenido –misteriosamente- a partir de los atentados terroristas en Washington y New York. Quizá sea cierto lo que se dice ya, que se ha dado marcha atrás a este tipo acciones y decisiones en la lucha contra el crimen organizado. Léase narcotráfico y, sobre todo por sus efectos hacia el medio oriente.

La nota roja ha descendido considerablemente en estos días para enfocarse hacia otros derroteros más acordes con el momento que viven los Estados Unidos. Incluso, hay que decirlo, en dichas acciones se han pasado por el “arco del triunfo” a una parte fundamental del Congreso mexicano; la que hoy dirige desde el Senado de la República el panista Diego Fernández de Cevallos y que, según se sabe, tiene como facultad exclusiva el manejo de la política exterior de México que el señor Jorge Castañeda no ha respetado.

Muchas son las lecturas que se hacen del conflicto que se desarrolla en el Oriente medio, pero nadie se pone a pensar en los posibles efectos hacia México. Y es que, antes que nada, la guerra es un negocio, la oportunidad esperada por un verdadero estadista para resolver los graves y grandes problemas de su comunidad. En otros años y en otros tiempos, el PRI hubiese acaparado el escenario en busca  de un reacomodo natural de fuerzas e intereses, sobre todo económicos para solucionar -en parte- la agobiante deuda externa de México.

Y es que, ni en los peores momentos del PRI, cuando Carlos Salinas de Gortari fue aplaudido en una Sinagoga americana,  se  perdió la cordura y dignidad; y menos se entregó todo el capital político con que se contaba. La posición de los presidentes de México ante un conflicto de orden internacional nunca fue tan humillante como las de aquellos que hoy se conforman con unas cuantas palmadas o muestras de agradecimiento. Algunas de ellas en sus espaldas o lomos.

Las razones de aquellos días, los de Carlos Salinas, se supo; históricamente desembocaron en la firma del TLC, pero las de estos días, las de Fox y Castañeda,  no se sabe dónde pudiera estar la ganancia para México, y menos si nos tocará pagar un alto precio. Pero eso sí, ahí esta Vicente Fox, sin que nadie se lo pida, creando dos nuevos cargos – subsecretarias - en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Señor empresario Vicente Fox, la guerra también es un gran negocio y sobre todo redondo.