Vicente Fox: un presidente de papel

 Por Felipe Moreno

 Una fantasía comenzó la noche del 2 de julio del año 2000 y con los días se ha convertido en la peor de las pesadillas vividas en México. Noche de borrachera electoral que ha dejado ese mal aliento en quien, tras horas de beber, expide los malolientes humores de los daños provocados por el alcohol sobre sus vísceras.

El triunfo de ese lejano ayer y sus grandes expectativas ha sido totalmente eliminado de la mente de los mexicanos que votaron por él  a menos de dos años de su mandato; de ese término constitucional que marca y divide la distancia entre un mandatario electo mediante el sufragio efectivo y la de un sustituto que es impuesto mediante los mecanismos de la democracia indirecta, cuando él, el Presidente de la República, tiene que ser removido por causa grave o de abierta traición a la patria. En otros tiempos no tan lejanos el método era más radical pues se llegaba al destierro o de plano exterminio para lavar esas culpas en el exceso del ejercicio presidencial.

Hoy, hoy, hoy, México tiene de nueva cuenta un “Presidente de Papel”, aunque electo democráticamente. Tiene un tigre de cartón, un iletrado e inexperto que viaja por el mundo portando la banda presidencial y que sólo vive momentos de ornato. Sean éstas sus fiestas oficiales o privadas, el motivo no importa con tal de festejar y que retumben sus botas.

No cabe la menor duda, Vicente Fox desconoce los misterios y secretos del poder presidencial que, en muchos sentidos, siempre es limitado ejercerlo a plenitud y menos cuando se carece de una estructura inteligente y leal en el ejercicio del mismo poder presidencial, el que debe ser por naturaleza vertical, absoluto y si se puede totalitario.

Así es el poder para quien lo conoce y ejerce, pero nunca lo será para un “payo” que parece montado en la Presidencia de México.

Contar con colaboradores y/o testaferros sean éstos políticos o privados (léase personajes de los medios de comunicación), no es suficiente para gobernar un país como México, dado que éste ya cambió pero no por obra y gracia del partido Acción Nacional o Vicente Fox, más bien por resentimiento e inercia. Por esos supuestos 70 años del PRI – Gobierno, lustros que parece no se han ido totalmente con el foxato, pues ahí están los mismos empresarios de la radio y la televisión mendingando la anulación de los tiempos oficiales, para hacerlos comerciales y venderlos al mejor postor sobre la base de atacar al antiguo régimen. Mismos personajes, mismos mecanismos para cooptar a los “nuevos perros del faraón”. Eternos vividores de la dádiva pública.

Cambio en México, cuál cambio, si los mismos contratistas de ayer, los que nacieron y crecieron con el PRI-Gobierno permanecen ahí, licitando y ganando los concursos en materia de obra pública y servicios. Ya no digamos en las áreas de comunicación social o en las nóminas del gobierno federal, donde prolifera un gran ejército de mercenarios políticos. Sobrevivientes o alimañas que han logrado burlar la buena fe de un presidente iluso, bajo el argumento de participar en un cambio que se convirtió de pronto en transición no pactada; en un estira y afloja ejercido por grupos, cofradías y sectas.

Cambio que hoy revienta por donde debería fortalecerse para bien de México, dado que un Presidente de México no puede gobernar sin gobernadores y  menos sin congreso; menos cuando brinca un esquirol o abierto traidor que vulnera la idea de los acuerdos políticos propuestos en el II Informe de gobierno de Vicente Fox, al tratar de manera directa y unilateral los problemas que un Presidente dice no tratará con ellos (los gobernadores) pues él sólo debe tratar con el Congreso.

Traidor o simplemente estúpido, es él imbécil, él idiota que asume una actitud entreguista y empalagosa, basada en una supuesta “amistad con el señor presidente de la República”, como en los mejores momentos de su pasado priísta, como en aquellos años en donde el Presidente de México olvidaba el fino bastón u otra prenda íntima en las habitaciones muy personales de aquellos que en el pasado fueron gobernadores.

Las fallas en el gobierno del cambio son de origen, pues tanto Diego Fernández de Cevallos como Felipe Calderón, coordinadores parlamentarios del PAN, no han estado a la altura de una responsabilidad que debiera ser compartida y no como se dice. Por más que se trate de manipular que el PRI es oposición a través de la corrupta radio y la televisión, la fuerza real de Acción Nacional es, y seguirá siendo hasta fines del 2006, minoritaria en el Congreso de México y en la mayor parte de los estados gobernados por la “oposición”, donde sus respectivos congresos locales están controlados por los mismos amos y señores de la llamada “oposición”.

Más allá de esa realidad maquillada por la radio y la televisión que lo mismo maneja un serio que un payaso ésta sigue fijando su imagen principal en la figura del Presidente de México, por tanto, la fortaleza de éste individuo sólo existe en el papel de las cartas que firma con la efigie del águila mocha. Otra cosa muy distinta seria si en lugar de jugar a las vencidas con sus enemigos y las fuerzas políticas, cambiase esa actitud ese doble lenguaje que ha caracterizado siempre a los integrantes del partido Acción Nacional.

Su doble moral ya se esta esparciendo por todo México, pues ahora parece epidemia en aquellos creyentes lo mismo ir a misa que luego confesarse para salir y volver a pecar o vivir de plano en abierto adulterio con aquella o aquellas que serán siempre para la iglesia católica una especie de concubina presidencial. Ejemplos que tristemente has trascendido las fronteras de México hasta llegar a aquellas generaciones que no llevan esa misma sangre.

Gobierno de papel, de ilusiones, de mentiras y de mitos que así seguirá hasta fines del sexenio foxista, dado que Acción Nacional nunca será mayoría en el Congreso de México. Y, donde ilusamente Vicente Fox ha dicho tener a sus únicos interlocutores, olvidando que la mayoría de sus integrantes están de acuerdo o bien obedecen a sus gobernadores.

Sin duda alguien más inteligente que Santiago Creel, el valiente secretario (ñero) de la colonia guerrero, debió decirle al presidente de quien dependen esos legisladores.

Empero, este no es más que un nuevo y lamentable caso que debe sumarse a la ya larga lista que existente en materia de estupidocracia.

Y, por cierto, hablando de presidentes de papel, ni siquiera en eso será original esta vez la presidencia de México ya antes hubo uno que se llamó Manuel González (amigo de Porfirio Díaz) quien siempre ocupará por conciencia y voluntad ese lugar en la historia de México.