Fracasó el "neopanismo como forma de gobierno (Sábado 17 de septiembre de 2005)

Por Felipe Moreno

Ya no existen dudas, en las elecciones presidenciales de 1994 se jugó el destino político de México. La postura adoptada por el entonces diputado federal panista Diego Fernández de Cevallos con respecto a las cuotas que recibiría el Partido Revolucionario Institucional de parte de la alta clase empresarial, dio lugar a un amplio debate nacional donde el PRI se vio como el malo de la película, cuando también es cierto el partido Acción Nacional siempre fue pionero en eso que ahora se llama "pasar la charola" entre los grupos empresariales.
Quizá lo único cuestionable en todo esto, como lo afirmara ese año el ahora ex diputado federal del PAN, Víctor Orduña Muñoz, "sea el cinismo con el que ahora se manejan los priístas, al hacer públicas prácticas, usos y costumbres que si bien eran conocidas por todos, nunca se habían reconocido tan abiertamente".
Este punto medular en la vida de los partidos políticos, visto a la luz pública debido al constante divisionismo, rompimiento, debilidad de estructuras y las múltiples fracturas que hoy caracterizan a la lucha política, es un asunto cotidiano y doméstico. Esta postura se ha dejado sentir, con mayor intensidad en los últimos 16 años a raíz del rompimiento y consecuente desequilibrio interno experimentado por el partido Revolucionario Institucional, un enorme monolito que parecía indestructible e impenetrable por otras formas de pensar y actuar ajenas a sus proyectos revolucionarios.
A las diásporas políticas en el PRI, se han sumado muchas otras deserciones en otros organismos partidistas y, es día en que la opinión pública se pregunta ¿hacia dónde irá nuestro sistema de partidos políticos? ¿Hacia dónde nuestra partidocracia? ¿Hacia donde los hombres y mujeres que hoy buscan candidaturas ciudadanas?
La lucha y los objetivos son claros, o perfeccionamos nuestro modelo democrático o corremos el riesgo de caer en la anarquía o el inmovilismo. México se debate actualmente entre el multipartidismo o el bipartidismo, dos formas irreconciliables de hacer política.
Los partidos son, o cuando menos debe serlo, organismos distintos de los poderes públicos y de las instituciones dependientes de los mismos; constituidos por una idea que tiene su antítesis. Luego entonces ¿hacia dónde van nuestros partidos políticos, sobre todo los de oposición al gobierno en turno?
En este contexto, llama poderosamente la atención aquella enérgica protesta de Fernández de Cevallos, expuesta en la tribuna de la Cámara de Diputados el 3 de marzo de 1993 y que hoy es punto medular en la lucha política.
Para entender la violenta reacción de quien finalmente fue el abanderado blanquiazul a la Presidencia de la República en las elecciones de 1994, - aún y cuando él mismo lo negara en aquellos meses - es necesario hacer un poco de historia para encontrar el origen de las diferencias - ahora coincidencias- entre el otrora partido mayoritario (léase PRI) y el partido Acción Nacional, que hoy parecen ir en busca de un mismo proyecto económico y político.
El suelo en el partido bicolor dista mucho de ser un bello piso de mosaicos blancos y azules. Recordar la historia del instituto político que surgió de aquella asamblea constitutiva que tuvo lugar del 14 al 17 de septiembre de 1939, es clave para entender nuestros tiempos actuales. En aquella época sus principales ideólogos Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna eran fieles herederos de una de las corrientes más reaccionarias que abortó la Revolución Mexicana; la cual contaba con una amplia trayectoria dentro de los espacios del poder político en México.
Gómez Morín había operado como secretario del General y revolucionario sinaloense Salvador Alvarado, ex gobernador militar de Yucatán y extitular de la Secretaría de Hacienda con Adolfo de la Huerta en 1920 - 21; mientras Efraín González Luna, aunque carecía de esa experiencia militar y política, a cambio de ello tenia una marcada formación religiosa.
No obstante, a estos dos hombres debe vérseles en otro contexto, ya que en 1928 Gómez Morín fue jefe de abogados en la embajada soviética en México y, más extraño todavía, que fundara en septiembre de 1939, (el mismo mes del pacto Hitler - Stalin ) el Partido Acción Nacional; más raro aún que de inmediato el partido Acción Nacional respaldara la candidatura de Juan Andrew Almazán, el candidato de la Alemania Nazi a la Presidencia de la República en las elecciones de 1940, según consta en los archivos del Partido Laboral Mexicano, que en 1985 editó el libro: "El PAN: partido de la traición".
Desde su fundación, el partido Acción Nacional ha tenido comportamientos y apoyos extraños, como aquellos que tuvieron lugar a partir del 29 de diciembre de 1989, cuando se señaló a Norberto Corella como protagonista del "pangate". La carta de Rodolfo Elizondo y los entonces legisladores: Ramón Martín Hurtado, José Manuel Mendoza Márquez y Raúl Espinoza Martínez, enviada al consejo de Acción Nacional y demás militancia de su partido, fue más que contundente.
En mayo de ese mismo año el desaparecido Manuel J. Clouthier asistió a las elecciones de Panamá y de ahí voló a Washington, con 100 personas más para ver al expresidente norteamericano George Bush, padre. Por su parte, Corella había viajado a Panamá para impartir cursos de resistencia civil, para que el presidente Endara pudiera tumbar al hoy convicto Noriega. Lo cual hizo peligrar las siglas de su partido. Cuando ocurrió la invasión a Panamá, el hoy desaparecido Carlos Castillo Peraza, flamante "periodista" y ex presidente nacional de Acción Nacional; entonces diputado federal, subió a la tribuna de la Cámara de Diputados y condenó la invasión que dos personajes panistas apoyaron varios meses antes.
En los años de su fundación los comportamientos extraños fueron más de tipo ideológico que económico o político, como los recibidos por parte de José Vasconcelos. En la vida del ex secretario de la SEP y prolífico escritor, lo único que cambió fue el contexto histórico; su carácter nazi - comunista nunca desapareció. Empero, apunta el maestro Krauze en su obra: "Por una democracia sin adjetivos": "La vertiente democrática pura, maderista, vasconcelista, laica, la que representó Gómez Morín, careció de "encanto" y requirió siempre el "remolque" de una mística religiosa. Basta comparar los escritos de Efraín González Luna contra Cárdenas, con los de Gómez Morín para apreciar la diferencia. El lenguaje del primero, oriundo de Jalisco, era dogmático, anticomunista, anclado en el siglo XIX. El del segundo, nacido en Batopilas, Chihuahua, era siempre matizado. Su discurso se concebía a sí mismo como parte de la Revolución Mexicana: "la parte desvirtuada". Gómez Morín no tuvo arraigo y el remolque ideológico de González Luna, tuvo que desembocar en otros pensamientos francamente fascistas o sinarquistas.
Entre los fundadores del Partido Acción Nacional, también destacan: Hugo Gutiérrez Vega, Rafael Preciado Hernández, Aquiles Elorduy, Daniel Kuri Brena, Ezequiel A. Chávez y Luis Cabrera.
Desde el mismo pensamiento de sus ideólogos se puede hablar de concepciones diferentes, ya que mientras Gómez Morín daba prioridad a la formación y avance doctrinal del partido, restando importancia a la participación electoral; Efraín González Luna consideraba a la jornada electoral como el elemento más sólido para que el partido Acción Nacional se cimentara doctrinalmente y alcanzara el poder. Gómez Morín no pudo ver nunca su obra terminada, murió en abril de 1972; jamás se pudo imaginar que su partido cobraría nuevos bríos a 10 años de su muerte y, por cierto, en su estado natal.
Desde los años 50 se apunta ese repunte, lo admita o no Acción Nacional. Desde esos años, sus inclinaciones clericales son más obvias, como también la intención de recuperar el México de finales del siglo antepasado o el que quería aquel partido católico fundado en 1906. (Cualquier similitud con el salinismo es mera coincidencia)
La clave de todo esto la tiene Luis H. Álvarez, a quien Gómez Morín conoció en uno de sus viajes a su natal Chihuahua. El ex alcalde de Ciudad Juárez y caudillo de la vieja clase panista, nacido en ciudad Camargo Chihuahua en 1919 "representaba para Gómez Morín al luchador cívico ideal: un empresario textil liberal, honesto y moderno, preocupado por los problemas sociales; insobornable, independiente y quijotesco". Sigue apuntando Krauze: "Después de dirigir la Cámara de Comercio y la Asociación Cívica de Ciudad Juárez, ingresa al PAN y se convierte en candidato a gobernador. Para sorpresa del abanderado oficial Teófilo Borunda, el joven Luis H. Álvarez, de 35 años de edad, alcanza buenas votaciones y arma cierto revuelo con una caravana de protestas postelectorales de Ciudad Juárez al Zócalo capitalino. Dos años más tarde Álvarez es el candidato panista a la Presidencia de la República".
Para los años 60, ocurre una fuerte escisión dentro del blanquiazul, lo que provoca la salida de un contingente que pretendía alinear y establecer un paralelismo entre la democracia cristiana que intento promulgar el frustrado partido "Foro Democrático" y Acción Nacional. Entre los disidentes de aquellas épocas estaban: Hugo Gutiérrez Vega y Manuel Rodríguez Lapuente.
Para el año de 1975, los conflictos siguieron a la orden del día, así como también uno que otro fuerte jaloneo entre José Ángel Conchello, q.e.p.d; quien buscaba la reelección y Efraín González Morfín, heredero de González Luna. El objetivo de esa refriega era el control del partido. Las posturas en juego fueron muy claras, la pro-empresarial y electorera y la que promovía la educación y formación ciudadana. Conchello finalmente renunció a la presidencia de Acción Nacional y González Morfín duró poco tiempo en la dirigencia. Los estertores de aquella refriega no repararon en la renuncia del ex dirigente de Acción Nacional en el Distrito Federal, José Ángel Conchello, éstos llegaron mucho más lejos, al grado de no poder estar de acuerdo para postular candidato a la Presidencia de la República en 1975. Acción Nacional, por única vez, dejó libre al candidato del PRI, que esa vez recayó en José López Portillo.
José Ángel Conchello, lejos de caer en la pasividad que nunca lo caracterizó, asumió la línea beligerante y más agresiva empleando como principal arma de ataque la crítica al gobierno. A la mitad de su periodo como presidente nacional del PAN, Conchello respalda la doctrina del Club de Roma, - los "límites del crecimiento - y agrega: "El Club de Roma nos obliga a entender que nos acercamos a un momento cardinal en la historia, y que tenemos que aceptar sacrificios individuales y cambios políticos". Apoyado por empresarios regiomontanos, el llamado "Grupo Monterrey" pretendió dar un madruguete lanzando a Pablo Emilio Madero como precandidato a la Presidencia de la República. Una estrategia que nunca funcionó.
Las intenciones de quien pensaba de la misma manera que el desaparecido Sergio Méndez Arceo, obispo de Morelos, no prosperaron. Quizá el obispo Manuel Talamas Camandari y sus "Talleres sobre los Católicos y la Democracia", pudieron haber agregado una o dos cosas al respecto, pero ya desaparecieron.
La máxima dirigencia panista desconoció a José Ángel Conchello como líder de los parlamentarios panistas, a la vez que descalificó públicamente toda actividad realizada por el disidente. Los apoyos al ex combativo Pablo Emilio Madero, "hombre generoso" para los integrantes del partido Foro Democrático, se vinieron por tierra. Ante las graves confrontaciones internas, la dirigencia del PAN decidió no postular candidato al sexenio 1976 - 1982.
Es altamente sintomático que sólo en esa fecha los panistas no hayan postulado candidato a la Presidencia de la República y que hayan cambiado su dirigencia en tres ocasiones. Por el Comité Ejecutivo Nacional de Acción Nacional pasaron: Efraín González Morfín, Raúl González Schmal y Manuel González Hinojosa, en su carácter de máximos dirigentes. A su lado y como secretarios generales desfilaron: Bernardo Bátiz Vázquez, (hoy perredista), Raúl González Schmal y Adolfo Christlieb Morales.
A partir de 1976 la debilidad en las filas panistas se hace más evidente y se comienza a vislumbrar cierto abandono en sus aspectos doctrinarios. La ortodoxia tradicional comenzó a ceder terreno, la vieja guardia bajó la guardia y poco a poco se vio replegada ante los embates de la nueva corriente calificada por ellos como "oportunista" y "proempresarial". De donde finalmente salió Vicente Fox a la Presidencia de México.
Al llegar a los inicios del sexenio 82-88, el perfil del PAN había cambiado. Sus rasgos originales se habían transmutado, las filas blanquiazules se alimentaban ya con prominentes miembros del sector empresarial y uno que otro banquero resentido por la nacionalización de la banca. El ascenso de la nueva clientela política pronto encontró espacios de dirección, sobre todo en algunas entidades del país. Fernando Canales Clariond - actual Secretario de Economía-, se apoderó de Nuevo León; Adalberto Rosas de Sonora; Francisco Barrio del estado de Chihuahua; Eugenio Elorduy de Mexicali y Ricardo Villa Escalera de Puebla. "La nueva presencia del sector empresarial en la política mexicana ha originado una nueva corriente en el seno del PAN a la que se conoce hoy como neopanismo o nuevo paganismo.
Surge aquí un nuevo tipo de militante: el hombre de negocios ideólogo - financiador que ocupa puestos clave en la dirigencia nacional del PAN en poco tiempo. Lo novedoso de Acción Nacional es que no se define como partido de clase, sino de clases. Ahora sus nuevos dirigentes forman parte de los nuevos sectores sociales politizados de la pequeña y gran burguesía. Los profesionistas libres y los empleados de empresa que militaban en el PAN son desplazados por los propietarios, ejecutivos y directores de grandes compañías. Esta militancia empresarial se comienza a fusionar con los grandes principios liberales y el puritanismo religioso, muy característico del panismo tradicional. Sorprenden las coincidencias que existen entre los planteamientos ideológicos y políticos, así como los de reforma económica del PAN con los de organizaciones cúpula del sector empresarial: concretamente el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex, como bien lo señala Abraham Nuncio en su obra "La sucesión presidencial en 1988".
Los triunfos alcanzados en elecciones municipales, en especial en la década pasada y la de fin de siglo, afianzaron el avance de la nueva corriente panista - neopanismo-, llegando a considerarse lo que ahora es una realidad en la persona de Felipe Calderón Hinojosa, heredero político directo del "periodista" Carlos Castillo Peraza; o sea ese ascenso a la máxima jefatura del partido de Gómez Morín debe ser entendida y asimilada como la más auténtica réplica de la línea dura, aún y cuando en opinión de muchos panistas, se trata de una "línea conciliadora", que marcara para siempre el chihuahuense Luis H. Álvarez. Es cierto, Felipe Calderón es un panista de toda la vida, o más bien, es el único que puede presumir esas medallas.
A principios de 1987 se dio otro relevo en la dirección de Acción Nacional, su trascendencia radicó en el hecho de que se entrelazó con el evento político más importante para el país en esa época de grandes cambios, movimientos y rupturas al interior del partido Revolucionario Institucional. En esos días ocurre la salida de Cuauhtémoc Cárdenas y los democratizadores. La mazorca priísta comienza a desgranarse.
En el preámbulo de la sucesión presidencial de Miguel de la Madrid comienza otra era para Acción Nacional encabezada por el sinaloense Manuel J. Clouthier, quien le imprime a las desgastadas estructuras panistas energía y vitalidad con el lema de "La Nueva Mayoría" y el despertar de la actividad cívico - político - empresarial. Esta nueva clase política corre al parejo de la proyección electoral de Acción Nacional. Circunstancia que ahora se puede ver más nítidamente en ciertas regiones del norte y centro de México, donde la Coparmex ha tenido una marcada participación política, a pesar de que se diga, al interior del blanquiazul, que sólo se aceptan afiliaciones individuales y no por grupos.
El señalamiento preciso para clarificar el origen de los recursos de los partidos políticos propuesta por el ex jefe del Ejecutivo Federal, Carlos Salinas de Gortari, donde el PRI exageró la nota con aportaciones multimillonarias y, en dólares, tenía, como más pronto se vio, más fondo que forma. Hoy el dinero es el talón de Aquiles de todos los institutos políticos, y obvio de sus candidatos.
El malestar de los panistas expresado en voz de Fernández de Cevallos tenía su lógica y, al día de hoy, puede ir más allá de la simple "indignación" que mostró el también exsenador perredista y ex diputado federal Porfirio Muñoz Ledo quien podría volver y morder el anzuelo en éstos días. La reuniones de Muñoz Ledo con López Obrador podrían sacar de los cajones más ropa sucia para lavar a medida que se aproximen los comicios del 2 de julio de 2006, donde el asunto del Fobaproa, las Afores y otros tópicos de la política económica seguirán siendo los talones de Aquiles de la tecnocracia. El PRI, según la bancada panista y perredista en San Lázaro, no saldría bien parado. Y, recuérdese, Porfirio Muñoz Ledo se ha convertido en el mercenario más peligroso dentro de la política de México, Porfirio se salió del PRI, del PRD, apoyó al PAN y luego lo abandonó. Hoy se maneja como un desahuciado político en busca de cobijo con Andrés Manuel López Obrador su ex aliado político.
Si se analiza esa gran escisión panista de 1975 - similar a la de 1992, donde los "foristas" acusaron a su partido de haber abandonado la línea programática de Acción Nacional - donde la fracción de González Morfín, dominante a la hora de la elección de 1976 -, acusó al "partido" de Conchello de estar financiado por el Grupo Monterrey, en un intento de capturar el partido Acción Nacional para usarlo como punta de lanza política", el boomerang lanzado por Fernández de Cevallos puede seguir causando grandes daños a su partido; sobre todo para aquellos empresarios regiomontanos que abiertamente se entregaron en brazos del salinato o hicieron uso del Fobaproa u otros mecanismos de rescate financiero y político.
En esa crítica situación de 1975, apunta el politólogo Octavio Rodríguez Araujo en la su obra: "La Reforma Política y los Partidos en México": "se llevó a cabo una convención nacional para elegir candidato a la Presidencia de la República para el periodo 1976-1982". En esa ruptura, "los disidentes tacharon al partido de haber sido convertido en instrumento del Grupo Monterrey" y de falta de identidad panista" de muchos miembros del partido y de los muchos candidatos, y González Morfín - después de calificar negativamente a la LOPPE- declaró que: "debe reconocerse como claramente contraria al bien de México y del partido, la participación electoral de Acción Nacional de acuerdo con la reforma política".
Luego entonces, en todo este mar de declaraciones y comentarios, en donde los principales análisis durante estos años los ha venido acaparando el partido PRI, sería conveniente preguntarse ¿qué hay detrás de las palabras de Fernández de Cevallos respecto a las sumas millonarias de ciertos empresarios hacia el PRI y, más aún, que fue lo que verdaderamente provocó la salida de distinguidos panistas de sus filas y verse obligados a fundar un nuevo partido ante la cerrazón de Luis H. Álvarez? O, ¿será cierto que en el fondo de todo este asunto, los empresarios se preparaban para disputarse el futuro de México? Por desgracia ya no está entre nosotros Manuel J. Clouthier ni José Ángel Conchello para preguntárselos.
Hasta mediados de los años 70, el PAN era un partido que vivía de las aportaciones económicas de sus mismos dirigentes. A partir de esa fecha la confluencia de varios factores incrementaron sus arcas y recursos financieros; las reformas electorales del momento abrieron el abanico partidista al aumentar el número de diputados en el Congreso de la Unión, pues se dio paso a la representación de las minorías por la vía plurinominal. De esta manera, el blanquiazul incrementó sus espacios en las Cámaras y consecuentemente sus fuentes de ingresos, ya que cada legislador está obligado a participar con el 33 - ahora el 20 - por ciento de sus dietas para sostener a su partido. Otras formas de hacerse de recursos inicia con los sorteos de automóviles, que vinieron a complementar los tradicionales donativos extraordinarios en época de elecciones y la venta de publicaciones que no precisamente se vendían como "pan caliente".
Ante la cercanía de los comicios federales de 1979, se dieron los primeros visos de rompimiento en el PAN, motivados por las prerrogativas gubernamentales. A pesar del rechazo de algunos comités regionales se aceptaron los apoyos referentes a la franquicia postal, el acceso gratuito a los tiempos en radio y televisión, el papel y la impresión de propaganda durante la campaña, entre otros no oficiales o no contabilizados como los que recibió "voluntariamente" Vicente Fox de un grupo de amigos y amigas. Un asunto que seguirá siendo tema y referencia política por muchos años.
Cabe señalar que el contexto económico de los años 70, significó para el sector empresarial un paulatino deterioro en sus intereses, por lo que, en busca de opciones para proteger sus negocios e intereses, vieron propicio y necesario participar más activamente en política; el PAN comenzó entonces a incorporar en sus filas, de forma más abierta, a hombres destacados de empresa, situación que se consolidaría a plenitud luego del 1º de septiembre de 1982, cuando la estatización de la banca decretada por José López Portillo, dejara fuertemente resentida a la clase financiera y empresarial.
Desde los inicios de la antepasada década el perfil del militante panista amplió sus rasgos con la incorporación no sólo de miembros de la iniciativa privada, sino también de numerosos integrantes de los sectores medios urbanos: comerciantes, profesionistas, empleados, etcétera.
Si desde antaño algunos de sus candidatos a cargos de elección popular costeaban, en buena medida los gastos de campaña, ahora, con la postulación de notables empresarios en sus filas, este mecanismo se ha visto más alentado y solapado. Sólo por citar algunos ejemplos, quizá lo más ilustrativo, baste con citar a los ex abanderados de ese instituto político a las gubernaturas de Nuevo León, Fernando Canales Clariond; Sonora, Adalberto Rosas; Sinaloa, Emilio Goicoechea Luna, Ricardo Villa Escalera, Rodolfo Elizondo y en el caso de Clouthier a la gubernatura de Sinaloa y la Presidencia de la República. Sin descontar a los panistas que ya gobernaron y gobiernan en Querétaro, Jalisco y Aguascalientes, con la gracia y bendición de Dios.
En las nuevas y cambiantes circunstancias, las estrategias de proselitismo y táctica de lucha también han sido modificadas por el partido Acción Nacional, tomando como punto de apoyo los importantes recursos emanados por algunos de sus acaudalados militantes y sus organizaciones adjuntas como son: la Coparmex, CCE, Ancifem, DHIAC y de forma personal como lo hicieron Goicoechea Luna y José María Basagoiti, dos miembros de la cúpula empresarial que despacharon en Concanaco y que, según versiones de los mismos dirigentes blanquiazules, lo hacen a título personal y no como aportaciones de un sector u organización patronal como puede ser la Coparmex o la Concanaco. Lo cierto es que, en estos momentos Goicoechea Luna se mantiene al margen, pero fue un fuerte aspirante panista a la gubernatura de Sinaloa, con el beneplácito del ex Presidente Ernesto Zedillo. Sólo que ese proyecto no cuajo por falta de valor y decisión política.
En el fortalecimiento de las finanzas del PAN ha tenido mucho que ver la recomposición de sus fuerzas internas en los últimos 17 años. Lo cual ha dado lugar a la creación de dos bloques: neopanistas por un lado y tradicionalistas en "fuga" o en vías de pago de marcha. No obstante esta significativa bonanza en el PAN, no ha faltado la voz que vincule a este partido con fuertes intereses de importantes grupos políticos y financieros extranacionales. Un hecho cada día más evidente a medida que los empresarios y banqueros se revisten de políticos para buscar la Presidencia de la República.
Actualmente, además de las aportaciones señaladas, el PAN se allega recursos provenientes de las cuotas que se perciben de los miles de panistas que se desempeñan como funcionarios públicos en diversos niveles: diputados, senadores, alcaldes, regidores, legisladores locales, gobernadores y miembros del gabinete; incluida "la pareja presidencial" que nos gobierna y que intenta mantener secuestrado a ese partido instituto político más allá de las elecciones presidenciales de 2006.
Según estimaciones de la cúpula panista, las cuotas de los legisladores federales, gobernadores y otros militantes del blanquiazul suman varios millones de pesos mensuales. Hoy el PAN es un partido más rico que el PRI, aunque no sea más poderoso.
Desde su punto de vista, la decisión del PAN de no aceptar otras prerrogativas antes se debía al hecho de no estar reglamentadas por la ley, pero una vez salvado ese obstáculo, no ven ningún inconveniente para no aceptar el subsidio que marca el COFIPE. Y vaya que han abusado de la ley y otras prerrogativas empresariales como son los tiempos en radio y televisión.
En 1987 todavía se oponían rabiosamente a las prerrogativas estatales, reiterando que a cambio de ello intensificaría sus promociones económicas entre la población a través de sorteos y aportaciones de su militancia y simpatizantes. Un hecho que nunca ocurrió y que, por lo visto, nunca se verá. "Perro que es mañoso, así seguirá aunque le quemen el hocico".
No obstante, a la vista de muchos, la posición de Fernández de Cevallos en 1993 sólo fue un intento por justificar lo que no se logrará tapar con un dedo, por lo que, la guerra desatada en contra del partido Revolucionario Institucional por el hecho de haber "pasado la charola" entre los grandes empresarios, puede revertírsele al PAN en estos tiempos electorales. No debe olvidarse que durante mucho tiempo se dijo que quien recibía los apoyos económicos más fuertes del sector financiero era el partido Acción Nacional. Y aquí debiera abrirse un paréntesis para preguntar ¿Cuál fue la participación del banquero poblano Manuel Espinosa Iglesias en el pasado reciente?
En este contexto de ''guerra" interempresarial al interior de los dos partidos más importantes de México, las declaraciones del empresario panista y salinista Juan Sánchez Navarro, al semanario Proceso en marzo de 1993, podrían abrir un cauce distinto al desarrollo de los acontecimientos, sobre todo si se recuerda aquella entrevista del ex dirigente del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas con empresarios regiomontanos.
Por los antecedentes que se tienen a la mano se puede deducir que todos los partidos, quizá con excepción del PPS, todos están ávidos por encontrar coincidencias en estos grupos de poder económico, como si ahora la política se definiera en los altos círculos financieros y económicos. Hasta Manuel Camacho y el PCD estuvieron a punto de tocar esas puertas. Más aún, hoy es más importante la antesala que maneja Ignacio Cobo en el Grupo Carso, que la del mismo Presidente de México. La clave de la sucesión 2006 pudiera tener como marca el apellido Slim.
Cualesquiera que sean los resultados de esta "gran consulta" para clarificar los recursos financieros de los partidos políticos, Acción Nacional se encuentra en abierta campaña en pos de la Presidencia de la República. Siendo exactos, el PAN está a unos días de postular a su candidato a la Presidencia de la República. Y nada de novedoso tiene su método, pues tan sólo se trata de una mascarada "democrática".
Desde principios de éste año -2005- el juego político quedó abierto a1 interior del PAN con la autopromoción que hicieron algunos de sus miembros incrustados en el gabinete y en el Congreso. A partir de entonces comenzó a configurarse un abanico de posibles candidatos. Algunos "neopanistas" otros tradicionalistas. Pero ya era claro, el panismo iría por Felipe Calderón y todo lo que ese nombre implica. La guerra ya estaba declarada entre panistas y "neopanistas".
Desde la XXXV Convención Nacional del PAN, celebrada en octubre de 1986 en San Luis Potosí, en donde el PAN resolvió participar en los comicios presidenciales de 1988, se dio una interesante recomposición de fuerzas a su interior.
A diferencia de otros años, el PAN llegó al año preelectoral precedido de una marcada actividad contemplada no sólo en el ámbito propio de los comicios estatales y seguido de notables sorpresas y significativos avances, sino también en el despliegue de diversas estrategias que dejan atrás la antigua fórmula blanquiazul de hacer política y que lo mismo le ha llevado a dejar de tomar palacios municipales, emprender campañas de desobediencia civil, bloqueo de carreteras, cierre de puentes fronterizos y manifestaciones de protesta más allá del Río Bravo.
A nadie escapa el hecho de que el PAN ha venido logrando importantes avances electorales desde mediados de la pasada década, teniendo como sustento al llamado "neopanismo" - localizado en especial en las entidades del norte del país y ahora del centro con su beligerante innovación en la forma de hacer proselitismo y atraerse nuevas bases sociales de apoyo.
No obstante, el "neopanismo" también ha sido fuente generadora de serias discrepancias entre la dirigencia nacional y algunos líderes regionales y estatales que, como el caso de Chihuahua y Puebla, no coincidieron en 1987 con las tácticas políticas empleadas. Más cerca que éstas, está la expulsión de su ex candidato a la gubernatura de Chiapas, por haber apoyado la ley a favor del aborto en su estado.
A la fecha suman seis las ocasiones en que el PAN, en sus 59 años de existencia ha participado en elecciones por la Presidencia de la República. Su primer candidato fue Efraín González Luna, postulado el 24 de noviembre de 1951, para los comicios de 1952. En las elecciones de 1958, Acción Nacional postuló al recientemente relevado Luis H. Álvarez nominado el 24 de noviembre de 1957. En 1963, como si se tratara de establecer un rito sexenal, la candidatura del bicolor se decidió también un 24 de noviembre, siendo elegido esta vez, José González Torres. En 1970, todo cambió en Acción Nacional. Resultó abanderado Efraín González Morfín, quien fue postulado el 9 de noviembre de 1969.
A partir de ahí, nada ha sido igual al interior del Partido Acción Nacional. Se han agudizado los antagonismos internos, las fracturas, divisiones y se ha llegado al rompimiento, como el encabezado en 1992 por el entonces diputado Pablo Emilio Madero y el forista Jesús González Schmal, entre otros destacados miembros de Acción Nacional.
Para la jornada electoral de 1982, la candidatura estuvo personificada por el actual presidente del Partido Foro Doctrinario, Pablo Emilio Madero, postulado el 27 de septiembre de 1981.
La nominación de 1987, también tuvo lo suyo. Las manecillas del reloj panista apuntaban hacia hombres que en los últimos años habían saltado al entarimado, ganándose el reflector de las cámaras. Ya nadie discutía al interior del PAN que la vieja guardia en el PAN, sería desplazada por una impetuosa militancia "neopanista", por lo que las elecciones de 1988 fueron para muchos el gran parteaguas y la confirmación de las nuevas directrices adoptadas por Acción Nacional.
Así y como pasó en el PRI con la clase política, (que fue derrotada por la tecnocracia), la era Clouthier, mostró un PAN cauteloso, nadie quería sacar la cabeza. El mismo Diego Fernández de Cevallos llegó a declarar: "ni aspiro ni suspiro", mientras otros panistas hacían cálculos sobre el hombre que los representaría en las urnas electorales de 1994.
Por lo pronto, de una larga lista en donde lo mismo se veían gobernadores y destacados militantes del PAN, los analistas de Acción Nacional descartaron a dos. Para ellos, los entonces mandatarios estatales de Baja California y Guanajuato, Ernesto Ruffo Appel y Carlos Medina Plascencia, no tenían ninguna posibilidad de figurar en las elecciones de 1994. El impedimento, en el caso de Ruffo, no lo ubicaban en el ámbito constitucional, ya que para ellos Ruffo es y seguirá siendo mexicano con todos los derechos y obligaciones. En el caso de Medina Plascencia tampoco fueron significativas sus inclinaciones religiosas. Lo que observan los panistas en ellos era que ninguno de los dos tenía el control del Congreso del estado y, por esa vía legal serían detenidos para separarse del cargo y poder optar por una candidatura mayor.
Si acaso, el único que tuvo esas posibilidades presidenciales fue el chihuahuense Francisco Barrio, pero acababa de llegar a la gubernatura y, por tal motivo, tampoco sería bien aceptado.
Los análisis sobre el PAN, de aquí al año próximo, deberán estar más enfocados hacia las personas, ya que en Acción Nacional no se establecen compromisos partidistas. El PAN no es, o al menos no era como el PRI, donde no había destapes ni pronunciamientos adelantados como el de Vicente Fox. Por lo mismo, hoy si pudieron ser candidatos todos, pero sólo uno resultaría favorecido.
En el año 2000 se mencionó a: Rodolfo Elizondo, Alfredo Ling, Diego Fernández de Cevallos, Adalberto Rosas, Emilio Goicoechea Luna, Felipe Calderón, hasta "el periodista" Carlos Castillo Peraza, intentó ser "candidato ciudadano".
Aun y cuando, de todos ellos sólo un nombre sería el verdadero: Vicente Fox y sus amigos nunca fueron superados. Se vivían los momentos más significativos para el "neopanismo" en los altos cargos del gobierno. No se equivocaron aquellos que vislumbraron esa nueva versión de: "Alí Babá y los Cuarenta Ladrones" en el gobierno.
Estamos al final de una jornada más en el partido Acción Nacional, donde por "primera vez" se lleva a cabo una elección "abierta", sin precedente. Aunque sólo voten los panistas, las divisiones históricas ahí están. La lucha es sorda, sin grandes aspavientos. Los "bárbaros del norte" y los "neopanistas" como Francisco Barrio y Carlos Medina Plascencia terminaran renunciando ante una corriente que amenazaba con aplastarlos. El "neopanismo" se refugió en el candidato del Presidente de la República y su señora esposa, pero aún así el favorito -Santiago Creel Miranda- será hecho polvo por los tradicionalistas. Y más después de las desafortunadas declaraciones de Santiago Creel en contra del Presidente de México.
Hacia el 2006 el PAN viene con su línea dura, el fascismo heredado desde los años 40, donde Santiago Creel y el "neopanismo" serán vistos como una golondrina que nunca hizo verano. A ocho años se reduce la presencia y militancia de un hombre que creyó era muy fácil alcanzar la Presidencia de México. Siendo que hace ocho años era un simple abogado que pasaba por las instalaciones del IFE para ser promovido a diputado federal -por la vía plurinominal- y de ahí a Secretario de Gobernación, en uno de los casos más aberrantes conocidos en México. La inexperiencia de Creel, aunada a la del Presidente Vicente Fox, terminarían por hundir "al neopanismo" y por ende los planes y proyectos de aquellos empresarios que creyeron podrían imponerle a México un Presidente sin antecedentes ni carrera política.
Así, por más que hagan los "neopanistas" por mantener la supremacía al interior del PAN, nunca podrán borrar las huellas de su rotundo fracaso en política.
Es increíble el juego al que se están prestando algunos medios de comunicación, donde obviamente destaca Televisa, para hacer de una farsa un evento "democrático y político". La televisión registró los nombres de Santiago Creel y Alberto Cárdenas al lado de Felipe Calderón, pero se les olvidó la historia. Luego entonces Creel y Cárdenas serán únicamente efemérides sexenales sin mayor relevancia histórica y política. Creel y Cárdenas son casualidades que intento crear el fracasado foximo.
Y bueno, esos fueron los riesgos que corrió Vicente Fox por no gobernar con el panismo. Y, que quede claro, fracaso el "neopanismo" como forma de gobierno.