“Honestidad Valiente”…bla…bla…bla (22-I-04)
Son demasiados, y sobre todo encontrados, los sentimientos y emociones vertidos en este día 21 de enero de 2004 en la capital del país. Los ojos de la tercera edad seguramente se humedecieron y derramaron lágrimas de impotencia e incredulidad. Muchos más lo vieron y escucharon la noche previa por la radio y la televisión, antes de acudir al puesto más cercano de periódicos y darse cuenta que todo lo dicho era una cruel verdad; el chofer de López Obrador, hoy convertido de un plumazo en flamante “director” o “subsecretario de logística” del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, sí percibe como salario la suma de 62 mil pesos, cuatro menos que su jefe López Obrador.
No es necesario mencionar nombres ni correos donde, en más de una ocasión, se arremetió contra este espacio de crítica y reflexión política, sobre todo cuando tocamos el tema de éste moderno “Robin Hood” mexicano. El “señor” que –para muchos mexicanos- “sí ayuda a los pobres”. Sólo que ahora su mecenas ha perdido esa “honestidad valiente” que pudo conservar por unos años, hasta que una hábil reportera lo "encueró".
¿Cómo entender su desliz? ¿Cómo justificar su necedad y cerrazón después de la evidencia? ¿Cómo aceptar ese porque decidió otorgarle a su chofer tan escandaloso emolumento? ¿Acaso ese individuo le sabe algo tan, pero tan gordo a López Obrador?
Sin duda, existe ira, indignación y decepción en el pueblo ante la falla del hombre a quién se creía honesto, limpio, diferente, invencible. Es triste ver como se hunde en sus explicaciones y aclaraciones que tratan de justificar tan alto, tan grosero ingreso. Más aún, si a este sueldo se le compara con la limosna que percibe un obrero, un empleado de base del Gobierno del Distrito Federal; ya no digamos con la miseria que, por ley de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, debe dársele a cada anciano que rebasa la edad de 70 años "cumplidos", según conste ésta en su credencial de elector.
Andrés Manuel López Obrador”era el único personaje que se veía honesto por su ayuda populista a los pobres. Aquí mismo se ha dicho en reiteradas ocasiones, tenía bien vendida su mentira, iba bien en pos de la Presidencia de México, sobre todo al usar a los ancianos como propaganda política.
¿Qué nos dice hoy el Jefe de Gobierno del Distrito Federal en su inútil defensa política? Cuando hoy no valen nada sus palabras ante tan brutal e impactante hecho: un chofer, así, sin más, percibe un salario injustificable dada la actividad que realiza. Bien que haya caído ese engaño impuesto a los capitalinos por el último de los “Robin Hood” de los tiempos modernos.
No es necesario exhibir en este momento a sus aduladores, ellos saben bien quienes son; espero hayan entendido esta última lección de su héroe populista. Entender ese porqué en política nada es o debe ser visto como cosa personal o excepcional, pues en dicha actividad no caben los absolutismos. Quien hoy es Mesías o parecía serlo, puede pasar en horas a villano de la peor película. Nada es más decepcionante que la mentira en política y, entiéndase bien, más allá de los 62 mil pesos, Andrés Manuel López Obrador ha quedado como deshonesto y mentiroso. Ahora resulta que su chofer tiene el nivel cultural y político de Alejandro Encinas, Martí Batrés, Marcelo Ebrard o el que tuvo Leonel Godoy en su momento.
Aquí, en Juicio Político, se han dicho muchas cosas, quizá agrias para muchos aduladores de López Obrador, pero jamás se ha calumniado o mentido. Si se dijo lo del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en sus aspectos populistas, es porque así se está viendo y moviendo. Con ese sello populista iba bien, hasta que la misma realidad lo ha ubicado. Hoy Andrés Manuel López Obrador está en una crisis de la cual quizá jamás saldrá pues o le entra de lleno a la sucesión presidencial, sin muletas ni espejismos, o las barreras que el mismo construyó para defenderse terminarán por encerrarlo en sus cuatro muros de cristal desde donde administra sus limosnas y distribuye salarios “justos” y bien remunerados según sea su entender.
Y es que, sinceramente, no son los 62 mil pesos los que le duelen al Jefe de Gobierno, lo que le interesa es su ego, su vanidad; sus objetivos dañados en pos de la Presidencia de México. Ni siquiera siente nada por su chofer o “experto” en logística, lo sostiene y defiende porque lo tiene que defender pues lo que se encuentra en juego es su “honestidad valiente”. Base de su carrera presidencial.
Sea como sea, el salario del chofer del Tsuru, ya se ha dicho, no se justifica por ningún motivo. Así se tratase del mismísimo Rambo en persona. Un chofer es un chofer, un subdirector de logística es un subdirector de logística, para eso se hizo la Ley Orgánica de la Administración Pública.