La auto derrota de los gobernadores del PRI

(Miércoles 5 de julio de 2006)

Por Felipe Moreno

Durante muchos años legisladores y funcionarios públicos se hacían y me hacían una pregunta que nunca tuvo una respuesta tan contundente ¿qué hay más allá que no podemos ver o no nos dejan ver aún siendo funcionarios públicos o legisladores? Hoy, la respuesta es más que obvia: más allá de la llamada clase política existe un poder real, cuya capacidad para mover gobernadores o presidentes de la República no tiene parangón. Los resultados electorales del pasado 2 de julio, a lo largo y ancho del país, dejan muchas dudas y resaltan otras que hablan y avalan la existencia de dicho supremo poder, donde un sistema sólo puede ser derrotado por otro más grande y poderoso.
La derrota de los 18 gobernadores priístas en las urnas electorales el 2 de julio no debe verse como incompetencia o falta de experiencia, debe medirse como es, como la más sumisa y obediente entrega y sumisión de todos ellos. Quienes perdieron la elección presidencial por parte del Partido Revolucionario Institucional en los Estados de la República, y de manera abrumadora, únicamente cumplieron órdenes del mando superior para entregar a los leones a la mayoría de sus candidatos y militantes. Ellos no tienen problemas y se ahorraron otros, al fin y al cabo ya forman parte del engranaje que mueve los hilos de la nación mexicana.
Hoy podemos festinar la muerte, la extinción del Partido Revolucionario Institucional. Estamos de luto, diría un destacado priísta en espera de las exequias y la consecuente resolución del intestado. Al no haber dueño o propietario del PRI, obvio es que tampoco puede leerse ninguna carta o sucesión testamentaria. Muchos serán los deudos o supuestos herederos; muchos querrán apoderarse del cascarón, para guardarlo o acariciarlo. Igual pronto llega un milagro y encuentran cliente, incluso pudiera interesarse alguna trasnacional cercana a las instalaciones de Insurgentes y Héroes Ferrocarrileros en la Ciudad de México, para ofrecer comprar ese "elefante blanco" y ahí construir o ampliar un centro comercial. El terreno se encuentra en una excelente zona, cuyo precio sería de risa para la empresa Wal Mart, propietaria de Sams Club.
Empero, hablemos del poder, de eso que muchos jamás vieron ni sintieron millones de militantes priístas, pues nunca tuvieron la oportunidad de escalar a una gubernatura y menos a la Presidencia de la República. En México, como en muchas otras partes del mundo -incluido ahora el mundo musulmán- impera la "democracia", un sistema inventado por los griegos para ejercer el poder y jamás dejarlo.
Los mensajes que hablan de la auto derrota priísta son múltiples. Al paso de los días todo se vuelve lógico, desde el supuesto conflicto entre Elba Esther Gordillo y Roberto Madrazo, exaltado durante meses por los llamados medios de comunicación, hasta su último conflicto con el mexiquense Emilio Chuayffet, frustrado aspirante al Senado de la República.
Ahora se entienden y comprenden muchas actitudes de carácter personal y político en los principales actores del momento. Las salidas de unos, los conflictos y rompimientos de otros, la creación de partidos enanos; todo ello para no errar en el cabal cumplimiento de las órdenes y decretos emitidos por el mando superior. Ese poder supremo que obligó hace seis años a la entrega paulatina del gobierno y del poder a los partidos opositores al PRI.
Se decía ¿quién puede ganarle a un gobernador en su propio Estado, sí es el jefe de todas las mafias? Ya se vio, fueron ellos mismos los que entregaron a sus candidatos y militancia. Ellos perdieron la elección presidencial. Verlo de otro modo sería tanto como aceptar ser un niño de pecho. Por favor, no nos vengan con esas cosas del voto diferenciado que se inventó en los tiempos de Ernesto Zedillo, o en estos días en contra de un determinado candidato que hizo bien su trabajo. Y es que, Roberto Madrazo hizo todo bien, pero para ser el más odiado e impopular.
El tabasqueño entró en conflicto con todo y todos, rompió todos los espejos, aún los de su propia casa. Al imponer su voluntad en cada acto iba cavando la tumba del PRI. Su papel como artífice principal del desastre que hoy vive el PRI, no podría haber encontrado mejor expositor; su actuación no pudo haber sido representada ni por los mejores ganadores de un Oscar. Cínico, burlón, se mofaba de todos, ya sabía de antemano el veredicto final. Como quien ríe una vez, espera hacerlo más veces.
¿De dónde vino la orden para matar de esa manera al PRI? ¿Quién temía su retorno? O será como es, que esas siglas ya habían cumplido su cometido en la larga lista de fraudes electorales cometidos en los Estados Unidos Mexicanos.
El modelo que sirvió por lustros a los gobiernos extranjeros y trasnacionales para el saqueo y enriquecimiento de empresarios y políticos, finalmente se agotó. Hoy los intereses se han diversificado, ya no se encuentran inmersos en ese partido político. Están diseminados o distribuidos en otros membretes políticos y otros que seguirán apareciendo.
La debacle del PRI, y la entrega pacífica de su militancia a los leones tiene que ver quizá con otro orden político. Otro modelo de gobierno que muy pronto se pretenderá implantar en México. El paso de ser una federación y un pacto federado pudiera acabar siendo una vulgar confederación de Estados, para aparecer ligada a la más perfecta de las "democracias" en el mundo.
La casualidad no existe en política; y no es casualidad la sumisión y menos la aceptación de los pasados resultados electorales por la alta burocracia en el PRI. No es casual que ningún gobernador priísta protestara los resultados. Todos los candidatos, más la militancia del tricolor, fueron vilmente engañados y entregados. Como si el enemigo a vencer fuera el candidato que iba en tercer lugar, muy lejos en las encuestas electorales. Pero, había que ser efectivos y demostrar lo que hoy todo México sabe, la derrota no era para Roberto Madrazo, el peor candidato en la historia del Revolucionario Institucional, la orden era precisa, había que desaparecer de la faz de México al PRI, reducirlo a la más mínima de sus expresiones políticas.
¿Malos candidatos? ¿Imposiciones? ¿Pleitos y escisiones políticas? No sería como es y el viejo modelo ya estaba agotado, no daba para más. Acabo siendo inoperante y peligroso para los Estados Unidos con Vicente Fox, un Presidente de la República que pasará a la historia sin pena ni gloria. Lo más que se dirá de él es que se casó con Marta y que sus hijos robaron impunemente. No le funcionó Vicente Fox a los grandes intereses extranjeros, no pudo cumplirles sus caprichos, no pudo hacer del petróleo y la electricidad un usufructo de particulares. Pulverizó políticamente al país, acabó con el régimen de los partidos políticos. Más aún, acabó con la poca credibilidad que le quedaba a las instituciones. El colmo, ya nos quedamos sin IFE.
El PRI -la alta burocracia en ese partido- hizo lo que Fox y el PAN no podrían hacer jamás, acabó consigo mismo. Empero, alguien como Roberto Madrazo, Elba Esther Gordillo y sus camarillas debían hacer el trabajo sucio, que mejor que fueran los mismos gobernadores, muchos de ellos impuestos por él, los que dieran muerte al dinosaurio. Porque, para mover a un gobernador, debieron venir órdenes superiores. Y, no le estamos dando el mérito precisamente a Vicente Fox. Para mover a todo un sistema, se requiere otro más grande y poderoso.