Populismo y Neoliberalismo: Los principales males de la democracia política

Por Felipe Moreno

En toda contienda política y más tratándose de la Presidencia de la República, el único aspecto serio es el ideológico. En él se centra todo, desde un proyecto de gobierno hasta la personalidad de un futuro líder o estadista. Lo que ayer fue una lucha oculta entre dos bandos, mismo que acabó con las aspiraciones del sonorense Luis Donaldo Colosio, hoy se muestra en todo su esplendor con nombres y apellidos.

Sin duda, populismo y neoliberalismo son amenazas que deben ser ampliamente debatidas entre los principales aspirantes a la silla presidencial para el periodo 2000 - 2006.

En las últimas décadas esta moda Latinoamericana ha ocasionado graves estragos por sus idílicas y demagógicas propuestas. El populismo, como el neoliberalismo, son acciones que desde su aparición a principios del siglo XIX han cautivado a más de un líder, confundido a buena parte de los intelectuales y engañado a muchos pueblos. Inevitablemente los gobiernos de este corte han propiciado un debilitamiento inmediato de su vida democrática y desquiciado su economía. En suma: crisis y dictaduras han sido los resultados "trágicos" de dicha aventura.

En la historia no han sido pocos los pueblos arrinconados en sus ilusorias promesas de repentino bienestar y crecimiento de la productividad nacional. Los mismos hechos certifican, con una amplia gama de ejemplos, lo pernicioso y  catastrófico de su paso y su improcedencia. Gobiernos completos que utilizaron esas vías cayeron en falsas simpatías, hasta llevar a sus gobernados por los senderos de la miseria y el caos. En nuestra América los ejemplos son vastos: Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Perú y Panamá, han llegado a ser arrastrados por el engaño y la manipulación populista.

Las lecciones en estas naciones han sido amargas. En todos éstos países se sufrieron graves retrocesos, no sólo políticos también económicos y, sobre todo de índole social. Es ya historia conocida la turbulencia enfrentada y el excesivo costo que significó retomar un camino hacia una vida democrática, sólida y actuante, con reales perspectivas de justicia social en aquellas naciones víctimas de tan ilusorio futuro. Discusión que, por desgracia, continua vigente y atañe a todos los sectores de la población, incluido en este contexto nuestro México.

El término - por su concepción- nos atañe a todos y sobre todo a los que esperan perspectivas reales de justicia social, sin distinciones de emblemas partidistas. Los mexicanos, todavía inmersos en una crisis de sacrificios dramáticos, donde el panorama cada día es más incierto, nada halagador y donde las medidas macroeconómicas no bajan de la estratósfera, los esfuerzos son verdaderamente inútiles. Por lo mismo, la experiencia de otros países debe ser una voz de alerta ante tan ilusorias promesas. Más ahora que el PAN y el PRD, pretenden llevar a México por los rumbos del populismo o el neoliberalismo. Tan nefasto es el de Fox - Sahagún como el de Andrés Manuel López Obrador.

Emprender un proyecto de nación o gobierno no es cosa sencilla. Así, la estrategia delineada por un gobierno no es tarea que pueda concluirse en tan sólo un periodo sexenal y menos como pretendió el bloque PAN - PRD en San Lázaro, en tan sólo unos cuantos meses de gobierno cameral. La continuidad, el realismo y el compromiso popular deben ser las directrices de un gobierno auténticamente comprometido con los destinos tanto del Distrito Federal como los nacionales. Estos valores y no otros son los que realmente otorgarán popularidad tanto al PAN como al PRD. Las promesas ficticias, la demagogia y el chantaje, conllevan irremediablemente al populismo, aunque también sea cierto que éste, el populismo, pueda llegar a revestirse con el ropaje de un neoliberalismo emprendido hace 9 años como forma de gobierno.

La debilidad de las estructuras sociales y políticas han hecho de los pueblos víctimas indefensas de gobernantes demagogos. Mediante el acarreo, el engaño y las falsas promesas líderes con carisma y "elocuente" oratoria, han llegado a alterar, hasta el enfrentamiento, a las clases sociales, como hoy puede ocurrir en todo México, donde el discurso del perredista Cuauhtemoc Cárdenas o los panistas Vicente Fox y Diego Fernández de Cevallos, pudieran lograr alterar los valores nacionales. Aunque sea cierto que sus mensajes hasta hoy han sido confundidos y mal interpretados logrando construir tan sólo enemigos ficticios que distraen a las masas, para arrastrarlos hacia empresas que seguramente no desembocarán en aventuras de un alto costo social y menos político como son los deseos de Andrés Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo o Carlos Medina Plascencia .

La democracia es un valor universal que distingue a determinadas formas de gobierno. En su nombre, reducidos grupos de "iluminados", se han logrado emprender proyectos políticos que, bajo el supuesto de grandes avances sociales, han logrado apoyos de grandes contingentes sociales. El instrumento, en todas las veces, ha sido un discurso que ataca directamente al sentimiento y no a la razón. El resultado ha sido la desorientación, arrasadora de las masas hacia objetivos siempre personales, los cuales - en todos los casos- sólo han logrado enturbiar en el corto plazo las legítimas aspiraciones nacionales. Por lo mismo, el populismo del PRD, como el neoliberalismo del PAN, son males de la democracia política. Por tanto, su aparición e incrustación en el poder, no debe acabar con la participación ciudadana en la vida política; por el contrario, debe fortalecer a la democracia en su sentido más acabado, para que un gobierno sea auténticamente popular.

Ofrecer ilusiones conlleva al abismo. Por lo mismo, los términos deben ser aplicados con precisión y su práctica no debe confundirse. Proponer una rápida mejoría en las condiciones de vida, sin generar las bases reales de sustentación, sólo lograra deteriorar más las bases económicas de una nación como México. Buscar un súbito incremento en el bienestar a través de medidas inflacionarias como es un abuso en el gasto público, el abuso de una reforma fiscal, la excesiva estatización de la economía y el alejamiento de las condiciones reinantes en el mercado internacional, sólo contribuirá a terminar con la productividad y la poca confianza que tiene México en el mundo.

Bajo la movilización desorganizada de las masas y el desequilibrio creciente de su economía, los países que han presentado movimientos populistas han sufrido prolongados momentos de estancamiento, incluso golpes de Estado o dictaduras, así como la "incapacidad" total, por largos periodos para restablecer sus dañadas economías.

En México se ha conocido como populista o neoliberalista, la estrategia tendiente a consolidar, de manera abrumadora, la participación del estado en la economía, financiada a través de medidas que desatan la espiral inflacionaria y la dependencia, tales como la emisión de billetes y el endeudamiento. Esto ha provocado debilitamiento económico y pérdida de la confianza.

La movilización de los sectores urbanos sobre la base de un acelerado aumento en el gasto social y el incremento en los niveles de vida al margen de los ingresos reales, vía programas subsidiados, sólo han logrado desencadenar una profunda crisis económica y la pérdida total del consenso en el régimen político, sea vía PRI, PAN o PRD.

El establecimiento de una política de austeridad, de equilibrio financiero y de disciplina en el gasto público, no es resultado de una política antinacional, como quieren hacer ver hoy partidos políticos opuestos al PRI, es parte de toda una estrategia para fortalecer la democracia y la economía. Por lo mismo, no es casualidad que uno de los aspectos atendidos por Ernesto Zedillo se haya enfocado en contra del populismo y del neoliberalismo.

A mediano y largo plazo populismo y neoliberalismo han sido fatales para las aspiraciones genuinamente democráticas de una sociedad. Con sus raíces siempre demagógicas, su desorden económico, su libertinaje social y el abuso de poder, han propiciado serios retrocesos sociales. Los riesgos de la vida democrática muestran que ningún régimen exige tanto como a quienes viven bajo una democracia. Por tanto, un aspecto importante que debe atender la ciudadanía es la de no dejarse conducir por la vía del beneficio inmediato - como quiere hoy el PRD- pero poco duradero, ni por la retórica, carente de responsabilidad social, como es el caso de Acción Nacional.

Por lo mismo, los conceptos popular y populismo son tópicos que deberán ser utilizados y analizados a futuro con mucho cuidado, y más por aquellos que, como Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Lázaro Cárdenas, ya dieron inicio a la carrera presidencial 2000 - 2006.