¿Qué le falta al candidato presidencial de 2006?
(23 -I -04)
La llegada del Mesías político sexenal es una constante en la política de México. Se vive diario, se espera cada seis años. En mucho ayuda el constante deterioro del país, ese estado tan lamentable en el cual lo han ido dejando personajes como: Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, por mencionar sólo algunos personajes del México postrevolucionario o del llamado “cambio”.
Nadie, ni priísta o panista han dado una. Verdes y azules adolecen las mismas fallas que se reproducen y multiplican cuando los hombres y mujeres dedicados a la vida pública “alcanzan el poder”. Una de las peores fallas en “el poder” es la soberbia, otra la ambición. Ya no digamos nada del cinismo con que ahora se maneja el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.
México, los Estados Unidos Mexicanos, parecen estar en barata, al grado de ver como simples amas de casa, sin ninguna experiencia y vocación política, ven sencillo el alcanzar el “nido del águila imperial”. Y es que, si Marta pudo, porque no todas de un jalón. Nepotismo descarado y desatado que sin duda afecta ya a la nación.
El futurismo es hoy la principal constante en la política de México. Son demasiados los aspirantes a la presidencia de México, tanto en genero como en número, al grado de rebasar y en mucho, a las posibles "agencias de colocación". Léase PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista, Convergencia y PT.
Parecen ignorar que sólo un aspirante llegará a la Presidencia de México, el que haga mejor su tarea política y diseñe desde ahora una estrategia que, por cierto, no se ve aún en ningún medio y menos de comunicación. Excepto éste, Internet, cuya base real tiene una audiencia cercana a los 7 millones de personas en México. Donde el silencioso público ya cuenta con los más modernos métodos y sistemas de comunicación a su alcance, los que no se dejan "marear" por revistas y periódicos de dudosa circulación nacional. Más aún, viven alejados de las pantallas y micrófonos de radio y televisión que sólo obedecen a tendencias e intereses de ocasión.
Los candidatos a la Presidencia de México para el 2006, enfrentan ahora muchos problemas, uno de ellos se llama posicionamiento y ubicación en el contexto nacional. A su abultado número y falta de presencia nacional debe agregarse cuando menos otro defecto, su total desconocimiento en y de toda la nación. Salvo Cuauhtémoc Cárdenas, no hay otro aspirante que sea conocido en la mayoría de las entidades y municipios que conforman el “pacto federal”.
El problema es de forma, fondo y contenido; ninguno de los aspirantes tiene presencia y posesión en el territorio nacional. La mayoría de ellos vive del engaño que difunden ciertos medios de comunicación. Más allá de las encuestas y sondeos de opinión se encuentra un México, el de los verdaderos factores de opinión y decisión. Los que en meses o semanas han logrado giros políticos de 180 grados, elección tras elección.
El poder político en México ha dejado de ser vertical; ya no emana de la Presidencia de México, hoy es más horizontal, donde todos y cada uno de los aspirantes a la silla presidencial mantienen esa peligrosa y discordante paridad. Entre pares siempre será difícil encontrar las diferencias y sobre todo la calidad. Menos todavía un líder que dirija a la nación.
El Presidente de la República en México dejó de ser el “fiel de la balanza”, el jefe político por antonomasia, el hombre que “imponía a su sucesor”, como principio de orden y respeto en el ámbito político. Y, no es cierto que siempre se impusiera al más leal o al mejor, la historia reciente muestra muchos casos que rompen las líneas de la supuesta lealtad.
El Presidente en México ya no conduce las riendas de la sucesión presidencial, ya no promueve, no participa inteligentemente, no decide finalmente sobre asuntos que afectarán a toda la nación.
El abanico de la sucesión presidencial de Vicente Fox, comienza con la señora Marta Sahagún, un personaje no nato para el ejercicio del poder presidencial. Y es que, todo México se opone a esa y otras formas de reelección presidencial o estatal. Pero eso no es todo, la corriente de la sucesión presidencial se opone al método que hizo célebre al Partido Revolucionario Institucional. Ese sistema que es ya obsoleto debido a la caída de la alta tecnocracia del poder. Aún así, se ven ciertos "mastines del foxato” preparados para atacar y tratar de sostenerse en el poder. Aunque es cierto, la alta burocracia ya no decide ni participa de aquellos beneficios que antaño le otorgó el poder presidencial.
Hoy, las grandes decisiones en materia política ya no pasan por las dependencias del Poder Ejecutivo Federal. Menos con personajes tan pequeños o nefastos como: Fernando Clariond, Carlos Abascal, Felipe Calderón, Alberto Cárdenas, Javier Usabiaga, Josefina Vázquez Mota o Santiago Creel. Nada representan, nada significan en las inquietudes populares que hoy tiene la nación.
México dejó de ser unipolar, único en su género y en su tipo. Ya no es el país sumiso de los obreros, campesinos y clases populares que se unían a la voz de un pastor sexenal. Hoy el problema es más de números, de cantidades y candidatos que brotan por los cuatro puntos cardinales de la nación. Donde ninguno de ellos, hasta el momento, reúne y suma las principales voluntades que todo líder político debería conocer.
Más allá de los medios de comunicación, más allá de las encuestas y sondeos de opinión no se encuentra la estrategia, la de aquellos que debieran saber hilvanar en materia política; la que dice y aconseja con quienes hablar, para detener a tanto improvisado y metiche.
Alguien, entidad por entidad, municipio por municipio ¿se ha molestado en hacer una lista de los personajes significativos en cada región? No.
Es con ellos y no en los medios de comunicación, a donde debería acudir el hombre o mujer que se diga o se piense candidato con posibilidades de ganar una elección presidencial. Los efectos de dicha “gestión” ocurrirían por inercia y de inmediato, pues brotarían del verdadero sentir “popular”.
Los nuevos centros del poder político en México están ubicados a lo largo y ancho del territorio nacional, el poder ya no es privativo o exclusivo de las organizaciones populares y menos de los cotos comerciales u organizaciones empresariales. Adiós se ha dicho a las burbujas y cúpulas en el poder. Pasaron los mejores días de la CTM, hoy cada vez se diluye más la fuerza de Elba Esther Gordillo. De ahí quizá el abultado número de hombres, mujeres tras la candidatura presidencial.
¿Con quién es que debe hablar y conciliar un aspirante a la presidencia de la República? Consúltese en este mismo espacio el mapa político de México. Esa suma de voluntades es la que le hace falta al candidato presidencial para el 2006. Ahí se encuentra la viabilidad y tranquilidad de la nación. México no ha perdido su carácter multiétnico, multicultural, donde lo que parece unir, divide y, lo que divide nos une.
¿Quién será ese tejedor del urgente milagro mexicano?